Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Pesticidas y desarrollo cerebral

Un plaguicida común podría interferir con el desarrollo del cerebro de los niños.
CORTESÍA DE BRAD PETERSON, UNIVERSIDAD DE COLUMBIA E INSTITUTO PSIQUIÁTRICO DEL ESTADO DE NUEVA YORK
Aunque el uso en interiores del pesticida clorpirifós ha estado prohibido en EE.UU. desde el año 2000, sus efectos sobre el cerebro continúan detectándose en niños que ahora se acercan a la pubertad. Gracias a la técnica de formación de imágenes por resonancia magnética, un estudio reciente detectó alteraciones en el cerebro de niños que habían estado expuestos al clorpirifós durante la gestación. Dichas alteraciones habrían persistido durante la infancia.
Los investigadores examinaron los escáneres cerebrales de veinte niños cuya madre había presentado niveles altos de clorpirifós en sangre durante el embarazo (según las mediciones del suero del cordón umbilical). Como explica Virginia Rauh, autora principal del estudio y epidemióloga de la Escuela Mailman de Salud Pública de la Universidad de Columbia, las imágenes mostraban diferencias significativas con respecto a las de niños cuya exposición al producto había sido menor: «Alguna perturbación tuvo lugar durante el desarrollo del cerebro», señala. Los resultados se publicaron a finales de abril en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.
Los seis niños y catorce niñas cuya madre sufrió exposición al clorpirifós, un producto de uso común antes de la prohibición, contaban entre siete y casi diez años de edad. Todos pertenecían a familias dominicanas o afroamericanas del área de Nueva York. En comparación con otros veinte niños del mismo tipo de familias de Nueva York que habían mostrado niveles bajos de clorpirifós en la sangre de su cordón umbilical, los pequeños en los que se detectaron dosis más elevadas exhibían protuberancias en algunas regiones de la corteza cerebral, así como una reducción del espesor en otras.
Aunque el estudio no halló ningún tipo de trastorno relacionado con esas alteraciones, las regiones afectadas se encuentran asociadas a funciones como la atención, la toma de decisiones, el lenguaje, el control de los impulsos y la memoria de trabajo. En el pasado ya se habían referido resultados similares en animales. El producto continúa usándose de manera habitual en la agricultura. Por fortuna, lavar las frutas y las verduras elimina los restos de clorpirifós y reduce notablemente el riesgo.

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.