Una tierra sin humanos

Una forma diferente de examinar la influencia de la humanidad en la naturaleza: preguntarse qué sucedería si nos extinguiésemos de repente. Una entrevista con Alan Weisman.
Una fantasía muy común es la de imaginar que se es la última persona que queda viva en la Tierra. ¿Y si todos los seres humanos desapareciéramos de repente? Este es el punto de partida de El mundo sin nosotros de Alan Weisman, de la Universidad de Arizona. En ese experimento mental no se especifica qué acaba con el Homo sapiens; Weisman se limita a presuponer nuestra extinción súbita y a partir de ahí, razona acerca de lo que sucedería en los años, decenios y siglos subsiguientes.
Según Weisman, las infraestructuras empezarían a desmoronarse casi inmediatamente. Sin servicios de limpieza ni brigadas de obras, avenidas y autopistas se resquebrajarían en cuestión de meses. A lo largo de los decenios siguientes, muchos edificios se derrumbarían. Pasaría mucho tiempo, sin embargo, antes de que ciertos objetos corrientes se deteriorasen. Los cacharros de acero inoxidable, por ejemplo, durarían milenios, especialmente si quedaran enterrados en los montículos de escombros recubiertos de maleza en que se habrían convertido las cocinas. Algunos plásticos podrían mantenerse intactos durante cientos de miles de años; no se destruirían mientras los microorganismos no desarrollasen en su evolución la capacidad de consumirlos.

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