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1 de Agosto de 1993
Zoología

Monogamia en la ratilla de pradera

La investigación del comportamiento monógamo de ese mamífero nos ha revelado la existencia de hormonas que pudieran dar cuenta de tal proceder. En esta especie, además, ambos progenitores se ocupan de la cría de los hijos.

La observación de los hábitos de apareamiento y de atención a las crías de los roedores pardos que viven agazapados en la espesura herbácea no parece que sea la forma más propia de buscar las raíces de la monogamia. La mayoría de los humanos podríamos dar fe de la complejidad de las relaciones entre el macho y la hembra. Pero los estudios de la ratilla de pradera (Microtus ochrogaster), una plaga común en el Medio Oeste norteamericano, nos han conducido a un periplo científico extraordinario que arrancó de la ecología y terminó en la exploración de la neuroendocrinología de los lazos sociales. A diferencia de la mayoría de los roedores, las ratillas de pradera establecen lazos de pareja duraderos. Ambos progenitores comparten, además, el cuidado de sus crías. Nuestro trabajo ha servido para poner de manifiesto la importancia de dos hormonas, la oxitocina y la vasopresina, conocidas ya por su papel respectivo en la reproducción y la regulación del agua corporal. De la investigación de las ratillas se desprende su plausible implicación en el desarrollo de la monogamia. 

El criterio principal que define la monogamia es una asociación de por vida entre el macho y la hembra. Dentro de esta definición general se esconden varias notas de fácil observación. Los machos y las hembras de las especies monógamas tienden a presentar casi el mismo tamaño y aspecto. Las parejas que se han formado defienden el nido y el territorio frente a los intrusos, y ambos progenitores cuidan de las crías. Los mamíferos monógamos pueden crear complejos grupos sociales que abarcan una familia amplia y descendientes de varias edades. En el seno de esas familias se evita el incesto; las crías adultas no suelen reproducirse mientras vivan con miembros emparentados de la familia. Por último, vale la pena señalar que, aunque se trata de un fenómeno común en las aves, la monogamia es rara en los mamíferos. En una revisión exhaustiva, Devra G. Kleiman, del Parque Zoológico Nacional de Washington, D. C., encontró que sólo alrededor del 3 por ciento de los mamíferos son monógamos.  

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