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Micromatrices de ADN

Con unas ingeniosas herramientas de investigación llamadas micromatrices de ADN, la ciencia se está adentrando en las raíces moleculares de la salud y la enfermedad, al tiempo que acelera el paso en el descubrimiento de nuevos fármacos.

La mayoría de los pacientes que sufren linfoma difuso de células grandes tipo B responde bien a la terapia estándar. Pero, en más de la mitad de los casos, el cáncer no tarda en reaparecer con violencia letal. Los médicos venían atribuyendo el hundimiento rápido de unos y la resistencia de otros a diferentes formas del tumor causadas por anomalías moleculares distintas. Pero hasta hace dos años la ciencia carecía de medios para detectar qué pacientes sufrían la forma más virulenta y debían, por tanto, recibir un tratamiento más enérgico y arriesgado.

El problema lo resolvió una herramienta poderosa, la micromatriz de ADN ("DNA microarray"). Recurriendo a la misma, investigadores del norteamericano Instituto Nacional de la Salud, la Universidad de Stanford y otros centros pudieron distinguir entre supervivientes a corto y a largo plazo. Basábanse para ello en las diferencias observadas en el patrón general de actividad que mostraban cientos de genes de sus células malignas en el momento del diagnóstico. Aquel logro debería llevar a una prueba discriminante, capaz de identificar a los pacientes expuestos a un riesgo mayor.

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