El efecto Branly

Hace ya más de un siglo, Edouard Branly descubrió que una chispa eléctrica actuaba a distancia sobre un agregado de granos metálicos. A este fenómeno, en el que se basaron las primeras comunicaciones radioeléctricas, se le acaba de encontrar una.
PHILIPPE MOUCHE/Pour la Science
Instituto Católico de París, 1890. Edouard Branly, que ocupa la cátedra de física, estudia la conductividad eléctrica de diversas sustancias. En cierta ocasión, llena con polvos metálicos (limaduras de hierro) un tubo de vidrio. Mide la resistencia eléctrica: en razón del óxido (aislante) que se forma en la superficie de los granos, la resistencia resulta elevadísima. Mas Branly observa que, si produce una chispa eléctrica a varios metros del tubo, la resistencia mengua en varios órdenes de magnitud. Tal disminución colosal de la resistencia eléctrica no es permanente, pues basta un golpecito en el tubo para que los granos tornen al estado aislante de partida.
El cambio de la conductividad eléctrica de los polvos metálicos se debía a las ondas electromagnéticas emitidas por la chispa que alcanzaban el tubo de limaduras. En aquella época, el fenómeno de marras constituía la única manera de detectar las ondas. A finales del siglo xix, Guillermo Marconi se sirvió del tubo de Branly como receptor de ondas en las primeras comunicaciones de radio sin hilos.

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