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1 de Agosto de 2012
Bioquímica

El ADN bajo el efecto del sol

Los mecanismos fotoquímicos que alteran el ADN de las células cutáneas durante la exposición solar aumentan el riesgo de cáncer de piel.

JULIA FRAUD, POUR LA SCIENCE

En síntesis

Las radiaciones ultravioleta del sol provocan lesiones en el ADN que pueden dar lugar a mutaciones genéticas.

Hasta ahora, se creía que los rayos ultravioleta B eran los más perjudiciales, al desencadenar reacciones químicas entre las bases del ADN.

Sin embargo, aunque son menos absorbidos por el ADN, los rayos ultravioleta A provocan lesiones similares.

La identificación de estos daños o fotoproductos en el ADN ayuda a comprender mejor la aparición de mutaciones y del cáncer de piel.

La costumbre de tomar el sol para adquirir una piel bronceada se practica en Europa desde principios del siglo XX. Hasta el siglo XIX, la tez pálida constituía una prueba de pertenencia a la aristocracia; las clases obrera y campesina, que desempeñaban su actividad al aire libre, presentaban la tez bronceada. Más tarde, la revolución industrial conllevó la reclusión de los obreros en las fábricas, lejos del sol, mientras que las clases sociales acomodadas redescubrían el turismo de balneario. En 1936, con la aparición de las vacaciones pagadas, la piel bronceada se convirtió en un fenómeno de moda.

Se descubrieron entonces los efectos perniciosos de la exposición prolongada al sol y el peligro de las quemaduras solares. En efecto, los rayos ultravioleta del sol provocan cáncer de piel. Se cambió la formulación de las cremas solares (que surgieron en el decenio de 1920) para convertirlas en eficaces filtros contra los rayos ultravioleta B, ya que se creía que solo esta pequeña parte del espectro solar resultaba perjudicial para la piel. Pero ¿mediante qué mecanismos?

Desde el decenio de los sesenta del siglo XX se han venido estudiando los efectos de los rayos ultravioleta sobre el ADN (el portador de la información genética) de las células cutáneas. Se descubrió que los rayos ultravioleta B (UVB) creaban enlaces entre determinados átomos de la molécula de ADN, mientras que los ultravioleta A (UVA) actuaban de forma indirecta, al alterar diversos componentes celulares. El efecto de los últimos se asociaba sobre todo al envejecimiento de la piel. Por lo tanto, los UVB, aunque menos abundantes en la radiación solar que incide sobre la piel, parecían los más peligrosos.

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