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1 de Agosto de 2012
Energía

El biocombustible ideal

Tanto desde un punto de vista económico como energético, la gasolina pone el listón muy alto a los combustibles derivados de biomasa.

ISTOCKPHOTO Y WIKIMEDIA COMMONS CC BY-SA 2.0 Y 3.0

En síntesis

El biocombustible ideal debería ser muy energético y poder emplearse en los motores y canalizaciones existentes.

El etanol puede producirse en grandes cantidades, pero su densidad energética resulta muy inferior a la de la gasolina.

La investigación actual se centra en sintetizar moléculas de hidrocarburos idénticas a las de los derivados del petróleo.

El biocombustible del futuro, tal y como lo imaginan quienes intentan crearlo, bien podría caracterizarse con una sola palabra: gasolina. «Nuestro objetivo consiste en obtener moléculas idénticas a las de la gasolina, el diésel y el combustible para aviones», explica George Huber, ingeniero químico de la Universidad de Massachusetts-Amherst que investiga técnicas para convertir la biomasa (materia orgánica de origen vegetal) en combustible para el transporte. Al igual que la gasolina, el biocombustible ideal debería poder emplearse en las máquinas e infraestructuras actuales y proveer a todo tipo de vehículos de la energía suficiente para llegar a su destino.

El etanol, en el que durante tanto tiempo se ha centrado la industria del biocombustible, no satisface ese requisito. Su densidad energética resulta considerablemente menor que la de los derivados del petróleo: en un automóvil, un litro de etanol solo permite recorrer el 70 por ciento de la distancia que se cubre con un litro de gasolina; en el caso de un vehículo pesado o un avión, el etanol ni siquiera proporciona la potencia suficiente. Además, tiende a mezclarse con la humedad del entorno, por lo que se diluye con facilidad, y es corrosivo, lo que dificulta su empleo en los motores actuales y su transporte por las canalizaciones existentes.

A fin de superar tales limitaciones, una opción pasa por convertir la biomasa en alcoholes más complejos, así como en hidrocarburos más parecidos a aquellos que componen el petróleo, formado por una mezcla de hidrocarburos que comprenden moléculas de diferentes longitudes. Los procesos biológicos y químicos actualmente en desarrollo persiguen obtener sustancias que, o bien puedan verterse directamente en el tanque de combustible, o bien se dejen incorporar a la cadena de producción de las refinerías. Por supuesto, se desea aprovechar al máximo toda la biomasa disponible: no solo los glúcidos simples que pueden extraerse de la caña de azúcar o los granos de maíz, sino también la celulosa, más difícil de descomponer, o la lignina, presente en el tallo del maíz, la madera o el pasto varilla (Panicum virgatum).

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