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La verdad sobre el caso Lafarge

Venenos y pruebas periciales en los tribunales de justicia alrededor de 1840.

LES FASTES CRIMINELS DE 1840, BUREAUX DE L'AUDIENCE, PARIS 1841

El día 8 de septiembre de 1840 una gran multitud se dirigió al cementerio de Beyssac, una pequeña localidad situada en el centro de Francia. Seguían los pasos de un grupo de médicos que, junto con el juez de paz, se encaminaban hacia la tumba de Charles Lafarge, fallecido algunos meses antes en misteriosas circunstancias. Los doctores tomaron un gran número de muestras del cadáver y se trasladaron a Tulle, donde se encontraba el tribunal que juzgaba a Madame Lafarge, acusada de haber envenenado a su marido.

En un improvisado laboratorio, junto al Palacio de Justicia, comenzaron sus ensayos analíticos, que fueron seguidos por un público numeroso desde las colinas circundantes. Dentro de la sala, el olor a cadáver era insoportable, pero nadie quería perderse ni un solo detalle de las declaraciones de Clémentine Servat, la sirvienta de Madame Lafarge, que informó sobre varias compras de arsénico, supuestamente destinado a servir de veneno para ratas. También se le preguntó por los pasteles que la acusada había elaborado para su marido pocas semanas antes de su muerte.

Mientras tanto, los peritos continuaban analizando los restos del cadáver. Las muestras fueron tratadas con varios reactivos que produjeron precipitados de diversos colores. Posteriormente, otra se introdujo en un recipiente de vidrio, junto con una pequeña porción de cinc y ácido sulfúrico. Se aplicaba así un nuevo método de análisis diseñado en fecha reciente por el químico británico James Marsh, colaborador de Michel Faraday en la Real Institución de Londres.

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