Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Goldfinger contra las vacunas

Crónica de un colosal fraude científico.

Brian Deer: The Doctor Who Fooled the World

THE DOCTOR WHO FOOLED THE WORLD
SCIENCE, DECEPTION, AND THE WAR ON VACCINES
Brian Deer
Johns Hopkins University Press, 2020
408 págs.

Parafraseando a Màrius Carol, quien durante ocho años fuera director de La Vanguardia, es pertinente recordar que el periodismo nace del afán de explicar las cosas tal y como sucedieron y de esclarecer por qué pasaron, de la capacidad de rastrear todos los fondos posibles, del escepticismo necesario para mantener un espíritu crítico, y de la honestidad y valentía de quien lo ejerce. Es un oficio complejo que exige llegar al final de las historias sin perderse por el camino y sin sucumbir a presiones o amenazas. Tales cualidades hacen de esta vieja profesión un poder sin trono, razón por la que también es conocida como «cuarto poder». Y todas ellas las encontramos a lo largo de la vida y la obra profesional de Brian Deer, periodista y autor del libro de cabecera.

Cuando Gabriel García Márquez, con años de periodismo a sus espaldas, se refería a sus obras literarias, decía que estas eran, en gran medida, periodismo. Sobre el oficio nos dejó ideas como estas: «La crónica es la novela de la realidad. Es un relato en el que hay que respetar estrictamente la realidad. [...] Es para mí el género, la rama del periodismo que más se acerca a la literatura en cuanto a la forma de recolección de información, de la organización y del ojo que analiza»; o «El reportaje es un género literario. [...] El reportaje es la noticia completa, toda la noticia, de modo que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los acontecimientos».

Los editores de The doctor who fooled the world lo clasifican en la categoría de periodismo de investigación. Y no cabe duda de que la obra constituye uno de los mejores exponentes de este género. Pero es aún más. Una primera reflexión tras su lectura es que lo que en ella se explica constituye un claro ejemplo del dicho que afirma que la realidad puede llegar a superar a la ficción. Y esto hace que, volviendo a García Márquez, pueda decirse que el libro de Deer es una novela de la realidad y, por tanto, pura literatura y de la mejor. Si no fuera porque lo que nos cuenta se ajusta a los hechos, el libro pasaría por una buena novela con sus intrigas, tramas mafiosas, luchas legales, víctimas, verdugos, perdedores y ganadores. Y de no ser porque Deer nos cuenta la noticia completa colmo si estuviéramos allí, uno diría que la ficción es tan evidente como en una novela o película de James Bond.

Han leído bien: la obra se me antoja como una novela de James Bond, una cuyo guion cinematográfico podría titularse «Goldfinger contra las vacunas». En él, el papel de villano sería para Andrew Wakefield, quien interpretaría a uno de los Goldfingers más crueles de la saga del 007. Su carácter, extremadamente incapaz de sentir la más mínima vergüenza hasta el punto de que parece no tener consciencia, y su avaricia por la fama y el dinero harían a Wakefield merecedor de este sobrenombre.

Las víctimas de nuestro Goldfinger particular fueron —y siguen siendo— multitud de niños con y sin problemas de desarrollo neurológico, muchos diagnosticados con autismo. De 12 de ellos sabemos que sufrieron procedimientos clínicos muy invasivos: en el curso de una semana de ingreso en el Hospital Royal Free de Londres, estos pequeños, de entre 3 y 10 años de edad, fueron sometidos a un protocolo intenso y cruel de exploraciones que incluían una ileocolonoscopia, análisis de sangre y orina, punción lumbar, resonancia magnética nuclear, radiografías con contraste de bario y encefalograma. En muchos casos los procedimientos se realizaron bajo sedación, y es lógico preguntarse cómo pudieron obtenerse datos clínicos de ellos. El libro de Deer se ocupa de esto y de mucho más, si bien las atrocidades cometidas contra esos niños nunca serán lo suficientemente reveladas por más que se publiquen investigaciones como esta.

Con tales datos clínicos, convenientemente manipulados, Wakefield consiguió publicar en 1998 un artículo en la prestigiosa revista The Lancet. Valga decir que Wakefield y el editor de The Lancet, Richard Horton, se conocían bien por haber trabajado puerta con puerta en el Hospital Royal Free. Dicho artículo es la piedra de toque de toda la historia que se relata en el libro y, según lo que nos desvela Deer, solo tiene un nombre: fraude científico.

En él, Wakefield proponía y decía demostrar una asociación entre cierta enfermedad gastrointestinal (enterocolitis crónica), desarrollo intelectual regresivo (autismo) y un virus (el del sarampión), el cual habría encontrado su camino de entrada a los niños a través de la vacuna triple vírica. En el fondo, y como demuestra Deer, aquel trabajo estaba dirigido a obtener «pruebas» para poder pleitear contra las multinacionales farmacéuticas una vez se admitiera que dicha vacuna era responsable de efectos neurológicos. Tales estudios fueron urdidos por un complot entre Wakefield y un abogado ambicioso y sin escrúpulos, Richard Barr.

The doctor who fooled the world es el resultado de un trabajo de investigación de más de 13 años que dio lugar a más de dos docenas de reportajes en las primeras páginas del periódico Sunday Times, a siete artículos invitados y revisados por pares en la revista de medicina general British Medical Journal y al libro que tenemos entre manos. En él, Deer nos cuenta con todo lujo de detalles cómo este colosal fraude científico se gestó a través de una investigación médica falsa, carente de toda ética y en la que las víctimas han sido unos niños y también sus padres, quienes se han sentido culpables de provocar daños irreparables a sus hijos por haberlos vacunado. Aunque, sorprendentemente, muchos de esos padres han abrazado la doctrina de Wakefield y se han erigido en sus más fervientes defensores, con el argumento de que les ha dado una explicación a los graves problemas de salud de sus hijos [véase «El autoengaño de los antivacunas», por Sara Pluviano y Sergio Della Sala; Mente y Cerebro, n.o 95, 2019]. Hoy sabemos que el autismo tiene un fuerte componente genético, pero esta explicación no parece ser del interés de los negacionistas de las vacunas.

 

Las víctimas de nuestro Goldfinger particular fueron —y siguen siendo— multitud de niños con y sin problemas de desarrollo neurológico, muchos diagnosticados con autismo.

 

La guerra llegó a su momento culminante con la expulsión de Wakefield del Hospital Royal Free en octubre 2001, y con la suspensión, en mayo de 2010, de su licencia para practicar medicina en el Reino Unido. Aquel proceso supuso 197 días de presentación de pruebas, testimonios y deliberaciones ante un comité del Consejo Médico General británico, el cual declaró a Wakefield culpable de más de 30 cargos y lo calificó de embaucador, inmoral y cruel.

Sin embargo, nuestro Goldfinger persiste en su lucha, ahora desde Estados Unidos. Allí ha conseguido el apoyo de asociaciones de padres de niños con autismo, de millonarios y de algunos personajes famosos que le han permitido aumentar su fama, su tren de vida y extender sus falsedades por el mundo. Esto último lo ha conseguido a través de las redes sociales y de un documental pseudocientífico estrenado en 2016. Hoy mismo es posible encontrar en Internet numerosas videoconferencias de Wakefield predicando su doctrina antivacunas. Mientras tanto, durante los últimos años, los casos infantiles de sarampión han aumentado en todo el mundo. En definitiva, Goldfinger ha creado un mito urbano que se ha contagiado entre muchos padres como si fuera un virus, a veces letal, llamado negacionismo de las vacunas. Es sabido que los mitos de este tipo resultan muy difíciles de contrarrestar, por más que se publiquen grandes trabajos como el de Deer [véase «Contra las teorías conspirativas», por Aleksandra Cichocka; Investigación y Ciencia, mayo de 2021]. Además, la actual pandemia de COVID-19 ha dado nuevas alas a estos negacionistas, al reavivar la controversia sobre las vacunas.

The doctor who fooled the world es un trabajo monumental y absolutamente riguroso en los aspectos científicos, que ha sido elaborado gracias a infinidad de consultas con múltiples especialistas. Dicha información se encuentra explicada en el libro sin tecnicismos, aunque no por ello puede decirse que se trate de una obra de divulgación científica. Una idea del volumen de las fuentes consultadas son los 12.000 documentos indexados, los cerca de 500 vídeos y audios, y las más de 200 copias de documentos de la Biblioteca Británica que se hallan en poder del autor. Más de 2000 de esos documentos han servido para validar la veracidad de lo que se explica en la obra ante los editores y revisores del libro. Además, ha declarado de palabra y por escrito y bajo pena de perjurio ante los tribunales. En definitiva, ante la exhaustiva revisión de los hechos por parte tanto de editores como de la justicia, debemos admitir, sin lugar a dudas, que esta historia se ajusta fielmente a la verdad.

Puedes obtener el artículo en...

También te puede interesar

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.