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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2004Nº 329

Cosmología

La nueva Luna

Las recientes misiones a la Luna han revelado que todavía hay mucho por aprender del vecino más cercano a la Tierra.

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La Luna no revela sus secretos fácilmente. Aunque nuestro satélite fue el primer objeto planetario explorado con naves espaciales y el único visitado hasta ahora por astronautas, quedan todavía muchas preguntas pendientes acerca de su historia, composición y estructura interna. En la actualidad, se ha renovado el interés por la Luna; la Agencia Espacial Europea y Japón proyectan situar sondas en órbitas lunares; la NASA, por su parte, tiene pensado enviar una nave no tripulada a la cara oculta de la Luna. Estas misiones también arrojarán luz sobre la historia de los planetas interiores y rocosos del sistema solar: Mercurio, Venus, Marte y, en especial, la Tierra. La superficie de la Luna ha permanecido casi inalterada durante los últimos tres mil millones de años; podría guardar la clave de la formación y evolución de los planetas interiores.

Cuando se empezó a observar la Luna con telescopios, hace 400 años, se vieron dos tipos de terrenos en la superficie: las tierras altas, rugosas, brillantes, plagadas de cráteres, y las tierras bajas, con menos cráteres y más oscuras. Galileo Galilei llamó "maria" a las tierras bajas, que en latín significa mares, por su aspecto liso y oscuro. Una de las mayores sorpresas de la era espacial sobrevino en 1959, cuando la nave soviética Luna 3 fotografió la cara oculta, desconocida hasta entonces porque siempre permanece opuesta a la Tierra. Las fotografías mostraron que carece, casi por completo, de los oscuros mares tan notorios en la cara visible. Ciertas teorías ya formuladas quizás eluciden esta dicotomía de los terrenos, pero aún no se cuenta con una explicación segura.

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