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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2006Nº 352

Ingeniería nuclear

Los antiguos reactores nucleares de Oklo

Hace dos mil millones de años, partes de una mina africana de uranio experimentaron fisiones nucleares espontáneas. Los detalles de este notable fenómeno se empiezan a esclarecer ahora.
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En mayo de 1972, un operario de una planta francesa de procesado de combustible nuclear observó algo extraño. Había estado realizando un análisis rutinario del uranio proveniente de una fuente aparentemente ordinaria del mineral. Como ocurre siempre con el uranio natural, el material contenía tres isótopos, es decir, tres formas con masas atómicas diferentes: uranio 238, la variedad más abundante; uranio 234, la más rara, y uranio 235, el isótopo más codiciado porque puede alimentar una reacción nuclear en cadena. En cualquier parte de la corteza terrestre, en la Luna e incluso en los meteoritos, los átomos de uranio 235 forman el 0,720 por ciento del total. Pero en estas muestras, que venían del depósito de Oklo, en Gabón (antigua colonia francesa en el Africa ecuatorial occidental), el uranio 235 constituía apenas el 0,717 por ciento. Esta minúscula discrepancia bastaba para alertar a los científicos franceses de que había sucedido algo extraño. Otros análisis demostraron que el mineral de una zona, al menos, de la mina tenía poco uranio 235: parecían faltar unos 200 kilogramos, con los que se podrían haber fabricado media docena de bombas nucleares.
Durante semanas, los especialistas de la Comisión Francesa de Energía Atómica permanecieron perplejos. Se dio con la solución cuando alguien recordó una predicción publicada 19 años antes. En 1953, George W. Wetherill, de la Universidad de California en Los Angeles, y Mark G. Inghram, de la Universidad de Chicago, indicaron que algunos depósitos de uranio pudieron haber sido otrora versiones naturales de los reactores nucleares de fisión que, por entonces, comenzaban a construirse. Poco después, Paul K. Kuroda, químico de la Universidad de Arkansas, calculó las condiciones necesarias para que una mina de uranio experimentara espontáneamente la fisión automantenida, proceso en el que un neutrón perdido provoca la rotura de un núcleo de uranio 235, el cual emite más neutrones, causando que otros núcleos de uranio 235 se rompan, y así sucesivamente, en una reacción nuclear en cadena.

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