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1 de Marzo de 1990
Ciencia experimental

Versión doméstica del motor Stirling construido con materiales comunes

Los motores térmicos, que transforman el calor en trabajo mecánico utilizable, se dividen en dos grandes categorías. Pertenecen a la primera aquellos en los que la combustión actúa directamente sobre un pistón, mientras que si actúa indirectamente, valiéndose de un intermediario conocido por fluido motor, se les encuadra en la segunda. Los primeros son los motores de combustión interna, de los que el motor de gasolina constituye el ejemplo más conocido; cuando se quema el combustible, los productos gaseosos de la combustión se expanden, empujando directamente un pistón. Los se­gundos pertenecen al grupo de los motores de combustión externa. De entre ellos, citemos la máquina de vapor, cuyo fluido motor es el agua.

Otro caso de motor de combustión externa lo tenemos en el que el reverendo Robert Stirling presentó en Esco­cia en 1816. Originalmente era el aire su fluido motor, pero en posteriores versiones se sustituyó por hidrógeno y por helio. El motor Stirling merece nuestro interés por varias razones. Recicla continuamente su fluido motor; puede utilizar cualquier fuente calorífica, lo que permite elegir un combustible poco contaminante; además ofrece un rendimiento elevado en la conversión del calor en trabajo, al menos sobre el papel. Pese a todo, debido a un cúmulo de circunstancias, la idea de Stirling quedó arrumbada, primero por culpa del vapor y luego por la combustión interna.

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