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1 de Agosto de 2013
Reseña

Ética aplicada

Criterios normativos en el tratamiento de las especies.

THE ETHICS OF SPECIES. AN INTRODUCTION
Por Ronald L. Sandler. Cambridge University Press; Cambridge, 2012.

Dividido en dos grandes secciones, la primera parte de este libro aborda el valor de las especies, para una conservación fundada de las mismas y la gestión adecuada de los ecosistemas en un marco de cambio climático global. Se consagra la parte segunda a la significación ética de los límites o fronteras de las especies, que condicionan su modificación experimental y la creación de otras nuevas.

Las relaciones del hombre con el resto de la naturaleza han alcanzado cotas críticas. Hemos provocado que las especies se extingan a una velocidad celerísima en comparación con cualquier otro momento de los últimos 65 millones de años. La extinción de fondo, normal, se cifra en una especie por millón y año. Aunque las estimaciones varían. Con los datos disponibles se habla de 10.000 especies extinguidas por millón y año. La mitad de las especies se extinguirían hacia 2100. Se impone una normativa, un criterio ético para frenar tamaño desastre. Para orientarse en el nuevo campo emergente de la ética de la naturaleza, habrá que abrir el libro por su último capítulo, donde se recapitulan en diez enunciados las tesis del autor.

De acuerdo con dicho prontuario: 1) solo algunas especies en particular y la biodiversidad en general presentan un valor instrumental; 2) solo algunas especies en particular y la biodiversidad en general obtienen un valor subjetivo;
3) las especies carecen de un valor objetivo, intrínseco; 4) las especies carecen, asimismo, de un valor objetivo histórico; 5) todos los individuos, incluidos los privados de sensibilidad, poseen valor intrínseco; 6) el estatuto moral de una entidad viene condicionado por su valor; 7) las capacidades, y no la pertenencia al grupo, justifican el estatuto moral; 8) los límites de las especies no poseen ningún significado ético objetivo; 9) los límites de las especies tienen, en cambio, un significado ético subjetivo; 10) los límites de Homo sapiens no gozan de un significado ético exclusivo y diferente. De ese decálogo extrae el autor diversas consecuencias para la pervivencia de las especies en el marco de un cambio climático acelerado, para la creación de individuos interespecíficos y la generación de especies novedosas. También para el fenómeno de la potenciación humana.

No solo causamos la desaparición irreversible de especies. El hombre modifica la naturaleza mediante técnicas de ingeniería genética. Aunque la manipulación intencionada de las especies se ha venido produciendo desde la introducción de la agricultura a través del cruzamiento, selección, hibridación o injerto, los procedimientos de ADN recombinante insertan genes de unos individuos en otros, incluso de especies distintas. Así, se han manipulado levaduras (Saccharomyces cerevisiae) para que produzcan una concentración elevada de ácido artemisínico (precursor de la artemisina, una droga contra la malaria) mediante trasplante, en la levadura, de genes procedentes de Artemisia annua, la fuente tradicional de artemisinina, y diversas especies bacterianas, que codifican la vía metabólica requerida. Se ha sintetizado el genoma entero de Micoplasma mycoides y lo han insertado en otra cepa bacteriana distinta, logrando en esta iniciar los procesos metabólicos de M. mycoides.

Tales procedimientos han venido a complicar el concepto de especie y su definición. Hay un elenco largo de definiciones divergentes. Unos autores atienden al aislamiento reproductor; otros a la filogenia y evolución; otros a la ocupación de un nicho ecológico característico; quienes a los perfiles genéticos; otros repiten el viejo método morfológico que distingue según la constitución anatómica. Ante semejante situación algunos se han planteado si es correcto hablar de un concepto universal de especie (monismo de especie) o existe una legítima pluralidad de conceptos de especie (pluralismo de especie). A esta cuestión suele ir asociada la de si las especies son categorías reales en las que se dividen los organismos en razón de sus peculiaridades (realismo de especie) o si son meras estipulaciones arbitrarias (convencionalismo de especie) para imponer un orden en el dominio de los seres vivos. Cuanto se predique de las especies deberá predicarse de los límites de las especies. Acontece, además, que se han propuesto múltiples definiciones de biodiversidad: diversidad genética, funcional y diversidad beta, entre otras. La postrera concierne a la diversidad entre áreas y ecosistemas; cuanto mayor es la diversidad beta entre dos o más sistemas, más especies se encuentran en un sistema.

Se le da categoría de axioma al enunciado de que las especies presentan un valor, que merece ser protegido. Pero se discrepa en torno al tipo de valor que presentan y los criterios que los regulan. Hay valores instrumentales y valores finales. De un valor se dice que es instrumental si constituye un medio para alcanzar un fin. El valor instrumental deriva siempre del fin al que sirve; no es absoluto, sino condicional. De un valor se dice que es final cuando se posee por sí mismo, por su propia naturaleza; es independiente de cualquier preferencia, actitud, juicio, emoción o estado. El valor objetivo se descubre, no se crea. En cambio, el valor subjetivo es creado por los evaluadores a través de sus juicios o preferencias; ni existe antes, ni es independiente de ellos. De acuerdo con el tipo de valor de las especies, así debería ser su gestión en el ecosistema. Algunos defienden la gestión de la biodiversidad y de especies particulares que satisfacen máximamente las actuales exigencias económicas, médicas, materiales y recreativas. Otros defienden la conservación de la biodiversidad con la esperanza de que determinadas especies pudieran resultar útiles en el futuro en una aplicación que no podemos todavía columbrar, es decir, sobre la base de su valor opcional. Los hay que sostienen que las especies y la biodiversidad poseen un valor final subjetivo en razón de las preferencias o apreciaciones, que deben guiar las prácticas ambientalistas. Y están por fin los que defienden que las especies presentan un valor final objetivo en sí mismas, haya o no quien las valore. Presentan un valor intrínseco. Sin olvidar, dentro de estos, quienes le reconocen a algunas especies un valor histórico por su función única en la evolución de la vida.

Pertenece a la ética no solo evitar la destrucción, sino impulsar de forma activa la conservación. Se llama in situ a la conservación de una especie o población en su hábitat. Difiere de la conservación ex situ, que se refiere a la conservación fuera de su hábitat, como los zoos o bancos de semillas. Puesto que la conservación in situ se guía por el contexto histórico y evolutivo, no resulta sorprendente que busque la promoción de especies endémicas y la remoción de especies foráneas, pues las primeras mantienen mejor la integridad ecológica y biodiversidad. Mas, aunque la mayoría de las especies invasoras suelen ser problemáticas, no todas producen pérdidas económicas, ni arruinan los servicios del ecosistema, ni ponen en peligro las comunidades preexistentes. Antes bien, aumentan la riqueza de especies, así como la diversidad filogénica y genética de la zona. Se ha puesto particular énfasis en la denominada colonización asistida (también, migración asistida o reubicación gestionada), es decir, al traslado intencionado de individuos de una especie de un lugar a otro más allá de su hábitat.

No solo existen variaciones dentro de la especie. Los organismos transgénicos comprenden híbridos interespecíficos y quimeras interespecíficas. Los híbridos interespecíficos son organismos cuyas células contienen material genético procedente de más de una especie. En un híbrido, el material genético de varias especies se combina a nivel celular. Ese material genético recombinado se presenta a través de las células del organismo. Por su parte, las quimeras interespecíficas son organismos que presentan células derivadas de individuos de más de una especie. Más que poseer células que contienen material genético de varias especies donantes, las quimeras interespecíficas constan de células procedentes de especies diversas.

Ambas prácticas (hibridación interespecífica, a través del ADN recombinante y genómica sintética, y quimerización interespecífica, a través de inyección de células madre, injerto de tejidos, enucleación de oocitos e inserción de ADN) encierran potencial para producir individuos que dilatan el horizonte de las fronteras de especie. Por lo demás, los individuos interespecíficos no constituyen ninguna novedad en biología evolutiva. Pero muchos se cuestionan si la creación intencionada de tales individuos es legítima desde el punto de vista ético. Por razones intrínsecas y no extrínsecas o consecuenciales. Sostienen que la creación intencionada de organismos transgénicos o interespecíficos es cuestionable o inmoral, con independencia de las consecuencias que ello comporte.

La réplica a esa objeción muy extendida se basa en el argumento de que los individuos interespecíficos son habituales en la naturaleza. En contrarréplica se aduce que asuntos y acontecimientos que se reputan abominables cuando los realiza el hombre no son infrecuentes en la naturaleza: copulación forzada, reducción selectiva de recién nacidos, etcétera. Que se den en la naturaleza no nos justifica que lo haga el hombre. Vinculado con este planteamiento es el argumento de lo antinatural: si algún tipo de acontecimiento no ocurre ni puede ocurrir en la naturaleza, con independencia de la facultad del hombre, entonces no cabe (es éticamente reprobable) que el hombre produzca intencionadamente ese acontecimiento o proceso. Podemos ejemplificarlo en quienes se oponen a los cultivos genéticamente modificados. Los consideran antinaturales. Sin embargo, es palmario que hay posibilidades que solo son alcanzables gracias al hombre (desde la tostadora hasta el ordenador). El hecho de que algo no lo produzca la naturaleza a través de la evolución no quiere decir que sea cuestionable.

Contra la creación intencionada de individuos interespecíficos se oponen también los que abogan por una debida integridad del genoma del organismo sometido a ingeniería genética. Por integridad se entiende el interés del organismo, su bienestar, que no sufra daño. Así, el Comité Holandés de Biotecnología Animal declara: «Las intervenciones de la biotecnología no son solo un problema en razón de los efectos negativos potenciales sobre la salud y bienestar de los animales, sino también en razón del cambio de su material genético, que interfiere en su identidad. Mediante la modificación genética de los animales, sus propiedades son deliberada y específicamente cambiadas en beneficio del hombre. Esas modificaciones constituyen una violación de la integridad genotípica del animal». Esa violación de la identidad la llevan al extremo los reduccionistas que dicen que el organismo deja de ser tratado como un ser vivo para manejarse como una máquina química.

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