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1 de Marzo de 2018
Lingüística

Lengua madre

Nuevas pruebas genéticas alimentan el debate sobre los orígenes de la lengua protoindoeuropea.

Los primeros hablantes del protoindoeuropeo probablemente eran jinetes nómadas. [CHRIS GASH]

Hace cinco milenios, hordas de jinetes nómadas procedentes de la estepa ucraniana alcanzaron toda Europa y partes de Asia. Trajeron consigo una lengua que es el origen de otras muchas habladas hoy: el inglés, el español, el hindi, el ruso o el persa, entre otras. Esa es la explicación que goza de mayor aceptación sobre el origen de esta antigua lengua, denominada protoindoeuropeo [véase «La guerra de las lenguas», por Michael Balter; Investigación y Ciencia, julio de 2016]. Hallazgos genéticos recientes confirman esa hipótesis, pero también suscitan cuestiones sobre cómo evolucionó y se propagó el lenguaje prehistórico.

No existen registros escritos del protoindoeuropeo, pero los lingüistas creen haberlo reconstruido en buena medida. Algunas palabras, como las inglesas water (agua), father (padre) y mother (madre), siguen en uso aún hoy. En los años cincuenta del siglo XX, la arqueóloga Marija Gimbutas propuso por primera vez el origen ucraniano, conocido como la hipótesis de los kurganes. Gimbutas trazó la lengua hasta la cultura yamnaya, integrada por tribus pastoriles de las praderas del sur de la actual Ucrania que domesticaron el caballo.

En 2015, se secuenció el ADN extraído de huesos y restos humanos antiguos originarios de numerosos enclaves de Europa y Asia. Los resultados indican que hacia el 3500 a.C. (más o menos la misma época en que muchos lingüistas sitúan el origen del protoindoeuropeo y en que los arqueólogos fechan la domesticación del caballo) los genes de los yamnaya reemplazaron cerca del 75 por ciento del acervo génico de Europa. Sumados a las pruebas arqueológicas y lingüísticas, los datos genéticos inclinan claramente la balanza a favor de la hipótesis de los kurganes.

Con todo, nuevos descubrimientos complican el relato. En un estudio publicado el pasado junio en Journal of Human Genetics, los investigadores secuenciaron el ADN mitocondrial de 12 individuos yamnaya, junto con el de sus antecesores y descendientes inmediatos. Los restos se desenterraron en túmulos funerarios, o kurganes (de los que la teoría toma su nombre), ubicados en la Ucrania actual. Habían sido sepultados en capas superpuestas desde el final de la Edad de Piedra hasta el inicio de la Edad de Cobre, entre el 4000 y el 3000 a.C., la misma época en que se produjo el episodio de reemplazo genético en Europa. El ADN mitocondrial (heredado de la madre) de los enterramientos más primitivos y de edad intermedia era casi por completo local. Pero el de las muestras más recientes contenía ADN procedente de Europa central, de las actuales Polonia, Alemania y Suecia. Este descubrimiento indica que «hubo migraciones pendulares, de ida y vuelta», afirma el autor principal Alexey Nikitin, profesor de arqueología y genética en la Universidad Estatal de Grand Valley. En otras palabras, «no fue un desplazamiento sin retorno».

FUENTE: «MAPPING THE ORIGINS AND EXPANSION OF THE INDO-EUROPEAN LANGUAGE FAMILY», POR REMCO BOUCKAERT ET AL. EN SCIENCE, VOL. 337, 24 DE AGOSTO, 2012; TIFFANY FARRANT-GONZALEZ (gráfica)


Estos descubrimientos otorgan a la hipótesis de los kurganes «mucho más crédito», asegura Nikitin. Pero sostiene que sus nuevos resultados muestran asimismo que la migración tuvo lugar en una escala menor de lo que se había especulado; los especímenes más recientes solo llegaron aparentemente hasta Europa central, antes de regresar, aunque la lengua acabó hablándose en lugares tan remotos como las islas británicas. Nikitin opina también que la diseminación no fue tan cruenta como se ha supuesto con frecuencia. «Una campaña militar podría explicar el reemplazo genético. Pero es improbable que sucediera así», matiza.

David Anthony, antropólogo en el Colegio Hartwick y coautor de varios estudios genéticos previos, pero que no ha participado en este último trabajo, califica los nuevos hallazgos como sumamente convincentes. «La domesticación del caballo abrió un corredor a través de las estepas que penetró en la India e Irán, por un lado, y en Europa, por el otro. Cuando los yamnaya irrumpieron en Europa oriental y occidental, su acervo génico era muy distinto del que había allí antes», explica. «Esto permite obtener una visión clara [de cómo se propagó la lengua madre] y explica por qué se ven con tanta facilidad las migraciones en el mapa.»

Pero Anthony discrepa de la interpretación de que fue un asunto de escala reducida y mayormente pacífico. Sin escritura, la transmisión del lenguaje en aquella época debió depender sobre todo del contacto directo, argumenta, lo cual indicaría que los hablantes del protoindoeuropeo penetraron profundamente en toda Europa y Asia. Cree que las pistas lingüísticas y arqueológicas, como las armas halladas en las tumbas, apuntan a que los creadores del lenguaje tenían una cultura guerrera. No obstante, Nikitin cree que las hachas encontradas eran meramente «decorativas».

Ambos investigadores advierten contra la interpretación basada únicamente en los datos genéticos. Intervinieron muchos otros factores sociales y culturales. «Los cambios lingüísticos fluyen, por lo general, en la dirección de los colectivos con mayor estatus económico, poder político y prestigio. Y en las situaciones de mayor brutalidad, fluye en la dirección de los supervivientes», concluye Anthony.

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