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En «Las decisiones médicas son cosa de dos» [Investigación y Ciencia, Septiembre 2019], Alejandra Fernández Trujillo anima a los médicos a compartir las decisiones terapéuticas con los pacientes de una forma más empática. Por supuesto que no hizo falta una ley de autonomía del paciente para que los médicos tuvieran en cuenta los deseos genésicos de las mujeres antes de una histerectomía, sus condicionantes sociales o religiosos ni la fecha de la boda de su hija ante una intervención mayor.

Sin embargo, y dada la vulnerabilidad física y psicológica que implica ser portador de una enfermedad grave, es imposible —y quizá ni siquiera recomendable— una relación médico-paciente puramente horizontal. En efecto, cierto grado de paternalismo sigue presente, sobre todo en el ámbito oncológico, quizá derivado de la alta especialización. Es común que el médico exponga las opciones de tratamiento, sus pros y sus contras antes de que el paciente adulto y consciente (y muchas veces mal informado a través de medios electrónicos no supervisados) decida. Aquí no se abandona al paciente, sino que se le proporciona consejo profesional y se busca el consenso y bienestar familiar.

Hoy, los médicos no expresan preocupación significativa por la relación con el paciente, cuya autonomía se respeta desde hace décadas. Más bien padecen múltiples problemas relacionados con la relación médico-institución: precariedad de contratación, sobrecarga de trabajo, estructuras jerárquicas rígidas, ausencia de incentivos, interinidades eternas, etcétera. Y aunque la medicina es la profesión sistemáticamente mejor valorada por los españoles, presenta a la vez alarmantes tasas de burn-out, divorcios, depresión, alcoholismo e incluso suicidio.

Pedro David Delgado López
Servicio de Neurocirugía
Hospital Universitario de Burgos


RESPONDE FERNÁNDEZ TRUJILLO: El modelo de decisiones compartidas no pretende ser completamente horizontal, sino empoderar, dentro de lo posible, a los pacientes, en especial a los más vulnerables. Por supuesto, acompañar en las decisiones requiere a veces cierto grado de paternalismo. Sin embargo, es importante no olvidar que no todos los pacientes tienen las mismas necesidades.

Pese a que la mayoría de los médicos se esfuerzan en respetar la autonomía del paciente, estudios como el citado en el artículo indican que puede que no todos los pacientes lo perciban así. Artículos como «The views of patients and relatives of what makes a good intensivist: A European survey» (colaboración CoBaTrICE, Intensive Care Medicine, vol. 33, 2007) muestran que los pacientes reclaman explicaciones más comprensibles en atención a su competencia al ingresar en la UCI. Esto concuerda con los resultados del estudio «Satisfacción en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI): La opinión del paciente como piedra angular» (M. S. Holanda Peña et al., Medicina Intensiva, vol. 41, 2017). Estos son dos estudios sobre pacientes críticos competentes, en un ámbito en el que las personas se sienten especialmente vulnerables, a pesar de lo cual continúan demandando información y no sentirse excluidos de las decisiones.

Es cierto que la presión en el trabajo y las instituciones genera en los médicos desilusión y síntomas de burn-out que sería importante prevenir para que la atención al paciente fuese óptima, pero esta cuestión requeriría un artículo propio.

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