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1 de Octubre de 2019
Docencia médica

El fin de las disecciones anatómicas

En algunas facultades de medicina, comienzan a ser sustituidas por simulaciones.

La realidad virtual comienza a reemplazar las disecciones en las aulas de anatomía. [KATERYNA KON, GETTY IMAGES]

Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano que gobernó sobre buena parte de la Europa cristiana, emitió en 1231 un decreto por el cual exigía a las escuelas que médicos veteranos practicaran una disección de cadáver cada lustro. Fue este el tímido origen de una práctica que se convertiría en una de las piedras angulares de la formación médica. Durante el Renacimiento, las disecciones ayudaron a los estudiosos y a los artistas a adquirir conocimientos de primera mano sobre la anatomía humana. Hoy siguen siendo una experiencia esencial para los estudiantes del primer curso de medicina, una iniciación secular a los secretos que se esconden bajo la piel.

Ahora, transcurrido casi un milenio de aquella introducción comedida, las salas de disección podrían tener los días contados. Este año algunas facultades de medicina de Estados Unidos impartirán sus asignaturas de anatomía sin un solo cadáver. Los alumnos indagarán en las interioridades del cuerpo a través de recreaciones tridimensionales con realidad virtual, combinados con modelos palpables de los órganos e imágenes de pacientes reales, como ecografías y TAC.

Los creadores del programa esperan que la tecnología solvente algunos de los inconvenientes de los enfoques tradicionales. La disección de un cadáver requiere mucho tiempo, y ciertas partes son tan inaccesibles que pueden quedar destruidas en el proceso. Es más, las texturas y los colores de los órganos embalsamados difieren de los del cuerpo viviente, y los cuerpos donados suelen ser decrépitos o estar enfermos. «A decir verdad, la enseñanza de la anatomía no ha cambiado mucho desde el Renacimiento», afirma James Young, responsable de gestión académica de la Facultad de Medicina Lerner de la Clínica de Cleveland. El programa, iniciado en colaboración con la Universidad Case de la Reserva Occidental, ha inaugurado un nuevo campus sin cadáveres este verano. «A medida que la tecnología y el conocimiento mejoran, aumenta la presión por hacer las cosas mejor y más rápido y ofrecer a los alumnos una representación más adecuada de la anatomía humana.»

Young, que estudió medicina en los años 70, sufrió una «disociación profunda» entre su formación anatómica y lo que vio durante su residencia en cardiología. Cuando intentó examinar los órganos de los pacientes mirando los resultados de las pruebas radiológicas o las filmaciones de minicámaras introducidas, comprobó que el interior del cuerpo no se parecía en nada a lo que había visto en los cadáveres. «Son totalmente distintos. Los órganos de un cadáver embalsamado están aplanados, comprimidos. Los colores no son vivos, propios de un cuerpo con vida», explica. Opina que la diferencia puede alterar el aprendizaje.

En cambio, las herramientas anatómicas virtuales ofrecen una visión más fiel de los órganos vivos, ayudan al alumnado a formarse una idea bien fundamentada de las partes del cuerpo, aseguran tanto él como otros docentes. Gracias a los visores de realidad virtual o a los guantes de realidad aumentada, que proyectan imágenes digitales sobrepuestas sobre las reales, es posible examinar un órgano desde cualquier ángulo. Se puede vincular la estructura con la función observando el corazón palpitante o las articulaciones en movimiento. También permiten seleccionar ángulos que abarcan otros órganos, o el aparato circulatorio o el sistema nervioso enteros, para ver mejor las relaciones entre las partes. «Quedé sorprendido», confiesa Mark Schuster, decano de la Facultad de Medicina Kaiser Permanente de Pasadena, California, que dará la bienvenida a su primera promoción de estudiantes de medicina en 2020. «Me habría gustado contar con ello cuando estudiaba anatomía. Me habría ayudado de verdad a encajarlo todo.» En el plan de estudios de primero, los estudiantes no pisarán una sala de disección.

La adopción de técnicas avanzadas tiene sentido en los programas médicos nuevos, que no deben soportar el peso de la tradición ni disponen de las instalaciones para la disección, pero incluso algunos ya existentes están incorporando herramientas digitales a sus clases de anatomía como complemento. «En mi opinión, la gran ventaja radica en que las imágenes son muy nítidas», apunta el profesor de anatomía y biología celular Darren Hoffman, quien emplea software interactivo y tridimensional de anatomía en sus cursos de la Facultad de Medicina Carver de la Universidad de Iowa. «Ayuda a adquirir la visión tridimensional del cuerpo, de modo que cuando uno observa el tobillo de un paciente, sabe qué hay bajo la superficie y cómo está engranado todo.»

Aparte de las ventajas educativas, prescindir de los cadáveres supone una decisión económica para los nuevos programas. El coste de una sala de disección y de las instalaciones anexas asciende a varios millones de euros, pues demanda un espacio amplio, así como la adopción de las medidas de seguridad exigidas por las normativas legales. Y aunque los cadáveres procedan de donaciones, la facultad debe desembolsar los gastos de preparación, mantenimiento y, por último, entierro de los restos. Esos costes suponen una traba mayor si cabe para las facultades de los países subdesarrollados, explica Young. Y, lo que es peor, muchos países afrontan un descenso en las donaciones y dependen de los cuerpos no reclamados para la disección, según un estudio de 2018.

La enseñanza de la anatomía sin disección no está exenta de inconvenientes. En un cuerpo virtual puede resultar difícil tener una percepción en profundidad, y los alumnos dejan de observar las variaciones anatómicas naturales de los individuos, según Hoffman. También existe el riesgo de que pierdan el impacto emocional, incluso filosófico, que entraña la manipulación de un cadáver, considerado por muchos como el primer paciente de todo médico. «Se podría decir que la experiencia infunde una mezcla de asombro y respeto. Uno reconoce lo maravilloso y complejo que es el cuerpo humano y comienza a ser consciente de que todos y cada uno de los habitantes de este mundo es así, comenzando por uno mismo», declara Hoffman. Pero la sala no es el único modo de forjar la identidad médica de los alumnos, afirman él y otros. Por ejemplo, los futuros médicos pueden entrar en contacto antes con pacientes vivos durante la carrera.

Otra pregunta pendiente es si aprenderán tan bien con las herramientas digitales. Los estudios emprendidos por los organismos docentes se preguntan si la sustitución de las técnicas tradicionales por las nuevas no irá en detrimento de la calidad de la docencia. Si los resultados son positivos, podrían impulsar a más facultades a dar el gran paso. «Parece prematuro calificar esto como una tendencia, pero dado el gran número de centros que han mostrado interés, diría que algo se está cociendo», opina Schuster.

La formación anatómica se ha resistido al cambio durante tanto tiempo que Young y otros contemplan lo que está ocurriendo como un signo hacia una posible transición histórica. «No hay duda de que estamos ante el inicio de un cambio de paradigma», se pronuncia Young. «Tardará años en culminar, pero si me pregunta cómo serán las clases de anatomía en una década, le responderé que no habrá cadáveres. Esa es mi predicción.»

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