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1 de Octubre de 2019
Ecología

El ganado aleja el fuego

El sobrepastoreo reduce los incendios beneficiosos para el ecosistema de la sabana.

Los rebaños de ganado reducen la incidencia de los incendios en el ecosistema de Serengueti y Mara. [JASON J. MULIKITA, GETTY IMAGES]

El continente africano alberga una gran variedad de hábitats, pero la sabana abarca casi la mitad de su extensión. Y donde crece la sabana, brota el fuego. «Es un elemento importante del ecosistema», afirma el ecólogo de la Universidad de Liverpool James R. Probert. Los incendios mantienen el predominio de los herbazales frente a los arbustos y espinos de mayor talla que invaden el paisaje. La disminución de las especies herbáceas podría expulsar a especies como el ñu, famoso por su espectacular migración anual.

Hace una década los investigadores achacaron al descenso de los incendios en el Parque Nacional del Serengueti, en Tanzania, la recuperación de las manadas de ñus diezmadas por una epidemia de peste bovina. Cuando millones de ellos pastan, el material combustible desaparece del paisaje, lo cual reduce la frecuencia y la virulencia de los incendios.

Pero Probert y sus colaboradores descubrieron que incluso después de la estabilización de las poblaciones de ñus acaecida a mediados de los años 90, los incendios siguieron menguando en la sabana, la vegetación que domina el ecosistema de los parques de Serengueti y de Masái Mara, situados a ambos lados de la frontera que separa Tanzania y Kenia. Los análisis de los datos captados por satélite que ha realizado este equipo indican que los incendios forestales habrían disminuido un 40 por ciento en la región entre 2001 y 2014, coincidiendo con un drástico aumento de los rebaños de ganado. Relataron sus hallazgos en julio en Global Change Biology.

«Es sabido que allí donde pastan multitud de herbívoros los incendios disminuyen. Pero no creo que nadie haya reparado hasta ahora en la magnitud de esa reducción y lo haya vinculado con el ganado doméstico», explica Probert.

«Se trata de una pauta realmente interesante», en palabras de John Fryxell, biólogo de la Universidad de Guelph, que no ha participado en el estudio. Advierte, empero, que quince años de datos siguen siendo demasiado pocos para extraer conclusiones definitivas. «Lo que una correlación a corto plazo como esa parece insinuar es que hay algo interesante que merecería un análisis empírico más minucioso», matiza. Esa investigación podría consistir en medir la frecuencia de los incendios o la intensidad del pastoreo en ciertas zonas, y hacer después un seguimiento de la respuesta del paisaje a lo largo del tiempo.

Probert señala que algunos de esos lugares están sufriendo una especie de «tragedia de los bienes comunes», en la que el ganado está consumiendo más recursos de los que el terreno es capaz de renovar. Opina que los conservacionistas deberían cooperar con los pastores en la elaboración de un plan de pastoreo rotativo, que repartiría el impacto de los rebaños en el tiempo y el espacio. Estudios como el de Probert seguirán revelando el modo en que los enclaves salvajes como los parques de Serengueti y Masái Mara están indisolublemente ligados con la actividad humana.

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