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1 de Octubre de 2019
Bioquímica

Venenos terapéuticos

Ciertos compuestos tóxicos de los escorpiones podrían ayudar a combatir infecciones graves.

Diplocentrus melici. [PABLO BEREA NÚÑEZ]

Pocos pensarán que un escorpión pueda ser beneficioso. Pero se han aislado dos nuevos compuestos químicos del veneno de estos arácnidos que podrían servir como tratamientos contra las infecciones estafilocócicas y la tuberculosis farmacorresistente. El coste del veneno de alacrán es exorbitante: recolectar un mililitro costaría en torno a 10.000 euros, asegura Richard Zare, químico de la Universidad Stanford y autor de un estudio que vio la luz el pasado junio en Proceedings of the National Academy of Sciences USA. Calcula que la cantidad extraída a un solo individuo apenas alcanza unas milésimas de mililitro y que este tarda hasta más de dos semanas en reponerla. Aun así, merece la pena seguir estudiando el veneno. Algunas de sus sustancias poseen interesantes propiedades medicinales y pueden ser sintetizadas en el laboratorio con un coste menos prohibitivo.

Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México extrajeron el veneno de un alacrán propio del este del país, Diplocentrus melici. Separaron sus componentes y ensayaron algunos con las bacterias Staphylococcus aureus, Escherichia coli y Mycobacterium tuberculosis. Dos de ellos, que aislados resultaron ser de color rojo y azul, mataron los estafilococos y las micobacterias, lo que apunta a un posible uso como antibióticos.

Enviaron pequeñas muestras de ambos al grupo de Zare en Stanford para averiguar la composición y la estructura molecular. El grupo sintetizó a continuación los compuestos y los remitió al Instituto de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, en Ciudad de México.

Allí, los patólogos los administraron a ratones infectados por la tuberculosis y a muestras de tejido humano que albergaban estafilococos. El compuesto rojo demostró ser más eficaz contra estos últimos, mientras que el azul funcionó mejor con la tuberculosis, incluida una cepa resistente a los antibióticos, sin dañar el epitelio pulmonar de los roedores.

Christine Beeton, fisióloga molecular y biofísica del Colegio Baylor de Medicina que estudia posibles aplicaciones terapéuticas del veneno y es ajena al nuevo trabajo, afirma que el enfoque adoptado en el estudio parece alentador. Pero advierte que es preciso seguir estudiando los compuestos en animales de mayor talla y que la síntesis de la cantidad necesaria para iniciar el estudio en humanos podría entrañar dificultades.

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