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1 de Febrero de 2016
Medicina

La maquinaria celular de la inflamación

El descubrimiento reciente de una estructura en las células responsable de la respuesta inflamatoria puede dar lugar a nuevos tratamientos contra enfermedades tan diversas como la ateroesclerosis, el alzhéimer o el hígado graso.

BRIAN STAUFFER

En síntesis

Durante mucho tiempo, el enrojecimiento de la piel, la hinchazón, la sensación de calor y el dolor han sido las características distintivas de la inflamación, que puede ser causada por una infección o una lesión en un tejido.

En los últimos años, se ha descubierto que las células producen ciertos complejos moleculares, denominados inflamasomas, que ponen en marcha el proceso.

De modo sorprendente, numerosas enfermedades aparentemente no relacionadas entre sí, como el alzhéimer, la gota o las cardiopatías, comparten los mismos inflamasomas.

Se espera que los recientes hallazgos ayuden a desarrollar fármacos que en el futuro permitan tratar con mayor eficacia una amplia gama de enfermedades crónicas.

Cualquiera que haya tenido una espinilla está familiarizado con el enrojecimiento de los tejidos, la hinchazón, la sensación de calor y el dolor que caracterizan una infección. Tal respuesta, denominada inflamación, se conoce desde la antigüedad. Pero el proceso, que a menudo es iniciado por las células del sistema inmunitario, también puede producirse cada vez que un tejido resulta dañado, incluso en ausencia de un microorganismo patógeno, como cuando nos golpeamos un dedo del pie o, en casos más graves, cuando se sufre un ataque cardíaco. Este segundo tipo de reacción se denomina inflamación estéril y, cuando se descontrola, contribuye a la aparición de una amplia gama de enfermedades en apariencia poco relacionadas entre sí, como el alzhéimer, la diabetes o diversos trastornos hepáticos.

Aunque la inflamación crónica y su influencia en las enfermedades se conocen desde hace décadas, las investigaciones de los últimos años han aportado sorprendentes e importantes descubrimientos sobre su origen. Uno de los más fascinantes es que no se trata de una reacción automática, sino que, para ponerse en marcha, requiere el ensamblaje activo de ciertas estructuras moleculares. Las células implicadas en la inflamación construyen en poco tiempo esas estructuras, denominadas inflamasomas, que después desmontan con rapidez, normalmente un día después de haberse producido una lesión. Parece que este rápido desmontaje evita daños excesivos en el organismo. Una inflamación moderada resulta beneficiosa porque destruye los patógenos e impide su propagación por todo el cuerpo. Pero, si es exagerada, puede deteriorar tejidos vecinos sanos y favorecer la extensión de cualquier lesión inicial.

El descubrimiento del inflamasoma resulta interesante por sí mismo para los biólogos, pero también tiene profundas repercusiones en el campo de la medicina. Se ha comprobado que las alteraciones en el ciclo de montaje y desmontaje pueden empeorar una inflamación en curso. Hoy en día, muchos de los medicamentos utilizados contra el dolor y la inflamación bloquean la actividad de determinadas proteínas que ayudan a extender la inflamación. Pero las nuevas investigaciones sugieren que los fármacos que impiden la formación del inflamasoma o estimulan su desmontaje podrían evitar la posterior síntesis de esas proteínas problemáticas y, con ello, reducir el daño del tejido de una forma totalmente nueva. Este tipo de medicamentos, solos o combinados con otros ya existentes, deberían ayudar a combatir las inflamaciones que no responden a los tratamientos.

De hecho, los últimos hallazgos sobre el modo en que los inflamasomas funcionan a veces de forma acelerada están haciendo cambiar por completo nuestra manera de pensar acerca de las enfermedades humanas. Opinamos que, en vez de clasificar estas sobre la base de los órganos afectados (corazón o hígado), resulta más apropiado hacerlo en función de la maquinaria celular que está fallando. Hasta ahora se han caracterizado cuatro variedades de inflamasomas, y probablemente se descubran más. Una ventaja de este cambio de estrategia es la posibilidad de estudiar, pongamos por caso, si los fármacos contra la gota, en la que se ha activado un tipo concreto de inflamasoma, también podrían servir para tratar las cardiopatías provocadas por el mismo tipo de inflamasoma.

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