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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2016Nº 474
Taller y laboratorio

Química

El arte de destilar

La destilación, una de las prácticas más antiguas de la química, sigue siendo un placer para los sentidos y un estimulante trabajo experimental.

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Se dice que el primer libro impreso dedicado a la destilación fue el Liber de arte distillandi de simplicibus. Debemos esta breve pero densa obra a Hieronymus Brunschwygk, quien la publicó en el año 1500. Pero la destilación no nació entonces; se sabe que fue utilizada en la antigua Babilonia y que los alquimistas chinos ya destilaban alcohol hace unos 2000 años. Quizá por ello, esta práctica que en la antigüedad fue revolucionaria podría hoy parecer simple y vetusta. Pero no nos engañemos: destilar sigue siendo esencial en muchísimos campos científicos, técnicos e incluso culinarios [véase «La destilación llega a la cocina», por Pere Castells; Investigación y Ciencia, junio de 2011]. No sería exagerado afirmar que nuestra civilización sería otra sin la destilación.

En el plano experimental, destilar constituye un estupendo ejercicio de destreza técnica, método y pulcritud. Además, rinde productos maravillosos: aromas florales, alcoholes, aceites esenciales, disolventes y muchos más. Por tanto, la técnica interesará a los aficionados a los procesos de extracción, a quienes disfruten elaborando perfumes o jabón casero y a los estudiantes que deseen realizar un buen trabajo en ciencias, por citar solo tres ejemplos.

Decía Brunschwygk que la destilación consiste en separar «lo tosco y lo sutil... lo material y lo inmaterial... lo agradable y lo desagradable». Ciertamente, algo de eso tiene. La destilación puede presentarse en distintas formas. La que aquí nos interesa es la que usa vapor como agente de extracción. La idea consiste en someter la sustancia original a un flujo continuo de vapor, el cual arrastrará los componentes más volátiles. Una vez cargado de sustancias, ese vapor se condensará en un serpentín refrigerado, lo que después nos permitirá recuperarlas. A continuación describiremos un montaje sencillo para la extracción de esencias vegetales. Como veremos, el experimentador deberá proceder con gran imaginación a la hora de resolver los pequeños detalles técnicos que surgirán para adaptar el diseño a sus necesidades.

El aparato propio para la destilación por arrastre de vapor es el alambique. Este consta de dos partes esenciales: la caldera y el serpentín. La primera es un volumen estanco donde introduciremos agua y la materia prima, sometiendo el conjunto a cierto calor. Para nuestro laboratorio casero, nada resultará más adecuado que una olla a presión. Este utensilio doméstico presenta dos grandes ventajas: permite un cierre totalmente hermético y dispone de agujeros por los que canalizar el vapor. Necesitaremos una olla con una capacidad de 4 o 5 litros como mínimo. Además, prestaremos atención a un par de aspectos de suma importancia: primero, jamás modificaremos la válvula de seguridad; y segundo, elegiremos una olla cuya válvula rotatoria (aquella por la que escapa el exceso de vapor cuando estamos cocinando) sea extraíble. Ello nos permitirá conectar el tubo que conducirá el vapor hacia el serpentín.

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