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1 de Diciembre de 2012
Transferencia tecnológica

De la universidad a la industria: el éxito alemán

Alemania ha desarrollado un eficaz sistema de transferencia tecnológica de los laboratorios de investigación a las plantas de producción.

FUENTE: INFORME GLOBAL SOBRE COMPETITIVIDAD 2011-2012. DIRIGIDO POR KLAUS SCHWAB. FORO ECONÓMICO MUNDIAL, 2011; ARNO GHELFI (gráfico)

En síntesis

La robustez de la economía alemana se debe en parte al éxito de su sector fabril, el cual produce desde materiales básicos hasta maquinaria industrial.

La razón de que Alemania haya mantenido su competitividad frente a Asia radica en lo bien que su industria ha aprovechado las innovaciones técnicas.

La red Fraunhofer de institutos técnicos constituye un ejemplo de la estrecha colaboración que existe entre investigadores y fabricantes alemanes.

El país es líder en sectores clásicos, como el del automóvil, pero cuenta también con centros de excelencia en biotecnología y otras áreas emergentes.

Felix Michl y Philipp Stahl se inclinan sobre un reluciente robot de tres brazos en un laboratorio de la Universidad Técnica de Múnich (TUM). El artilugio toma diminutas porciones de fibra de carbono, más finas que un cabello pero compuestas cada una por 24.000 filamentos, y las ensambla con rapidez en una estructura triangular. Los investigadores explican que la parte más delicada del proceso corresponde al desarrollo del programa informático que, a partir de un modelo computarizado en tres dimensiones (en este caso, de un sillín de bicicleta, pero bien podría ser el de una prótesis médica o una pieza de automóvil), generará las instrucciones para que el robot las coloque en una posición que garantice la máxima resistencia y durabilidad. El proyecto servirá a Michl para su tesis doctoral y a Stahl, para completar sus estudios de grado. Después, pasará a una segunda vida en las fábricas alemanas; entre ellas, las instalaciones punteras que BMW posee a unos 50 kilómetros de la ciudad medieval de Landshut, donde sus ingenieros se afanan en diseñar la próxima generación de automóviles.

Por el momento, la compañía se centra en la producción del BMW i3. Si su salida al mercado en 2013 cumple con las expectativas, será el primer automóvil totalmente eléctrico y construido con materiales ligeros orientado a un consumo de masas. La cabina ha sido diseñada con materiales compuestos de fibra de carbono, que investigadores y estudiantes como Michl y Stahl desarrollan en los laboratorios de Múnich. En este caso, la innovación clave consiste en una técnica que permite fabricar en apenas dos minutos ciertas partes complejas del automóvil, como el chasis lateral. Gracias a ella, estos materiales compuestos de última generación pueden fabricarse por vez primera a gran escala. Tres gigantescas prensas de 320 toneladas cada una inyectan resina en las partes ya moldeadas con fibra de carbono, lo que les confiere rigidez. La empresa asegura llevar la voz cantante en la manufactura de esta clase de materiales compuestos, por delante de competidoras como Toyota o General Motors. «Nuestra pericia a la hora de acoplar todos estos componentes no es algo que nuestros rivales puedan copiar con facilidad», asegura Andreas Reinhardt, director de proyectos de BMW.

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