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¿Puede China continuar su ascenso?

El reconocimiento mundial de su excelencia investigadora llega con nuevos retos para el gigante asiático.

FUENTE: INFORME GLOBAL SOBRE COMPETITIVIDAD 2011-2012. KLAUS SCHWAB (ED.). FORO ECONÓMICO MUNDIAL, 2011; ARNO GHELFI (gráfico)

En síntesis

La economía china ha crecido tanto como sus esfuerzos en investigación. En muy poco tiempo se ha convertido en un líder mundial.

Algunas instituciones, como la Academia China de las Ciencias, se hallan a la par con algunos de los mejores centros investigadores del planeta.

Sin embargo, ese ascenso se ha concentrado en una élite. Existen enormes diferencias entre las instituciones más prestigiosas y el resto.

Las universidades chinas deberán resolver multitud de problemas; entre ellos, incoherencias en su normativa y cultura académicas.

Desde hace unos veinte años, China viene arrollando en Asia. Erige ciudades enteras de la nada, encabeza la lista mundial en construcción de centrales energéticas y su economía ha crecido cerca de un 10 por ciento anual. Semejante ascenso no se ha ceñido a la economía. En un período muy breve, China se ha convertido en una potencia científica global.

Las universidades del interior han experimentado una expansión impresionante. En 1978, China contaba con solo 860.000 alumnos en educación superior, el 1,6 por ciento de los adultos en edad formativa. En 2011, esa cifra se había inflado hasta más de 23 millones de estudiantes, en torno a un 27 por ciento. Por alumnos matriculados, el sistema de educación superior chino ocupa el primer puesto del mundo. El país posee ya más de un centenar de universidades de investigación en todos los campos, muchas de las cuales se dedican a la ciencia y la ingeniería. Tal escalada se refleja también en el número de alumnos de posgrado, que han pasado de 280.000 en el año 2000 a 1,6 millones en 2011.

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