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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2017Nº 491
Curiosidades de la física

Óptica

Joyas vivas

Numerosos insectos resplandecen a la luz del sol con un brillante color metálico. Este no proviene de pigmentos, sino de las delgadas estructuras nanométricas que componen el caparazón y las alas.

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Muchos encuentran las moscas molestas y apenas se dignan a mirarlas. Quien, en cambio, se fija en ellas con atención descubre la riqueza de colores con que estos y otros insectos a menudo destacan en el entorno, como piedras preciosas que se arrastran y zumban. El efecto resulta tan convincente que, por ejemplo, a las moscas califóridas se las conoce popularmente como moscas verdes o azules. Su brillo a la luz del sol cambia en función de la perspectiva: si las contemplamos desde ángulos de incidencia pequeños, lucirán de dorado a verdoso; vistas de lado, sin embargo, dominarán las longitudes de onda más cortas y, por lo tanto, los tonos azules.

No estamos acostumbrados a ver semejante variabilidad ni dicho brillo metálico en los colores corrientes. Por lo general, estos se producen simplemente debido a ciertas sustancias químicas que absorben determinadas longitudes de onda de la luz blanca y dispersan los colores complementarios. Así, el color verde de las plantas obedece a la clorofila, que absorbe sobre todo el azul y el rojo, mientras que los diferentes tonos marrones de la piel y el cabello humanos dependen de la concentración de otro pigmento, la melanina.

En cambio, en el caso de los insectos hemos de vérnoslas con complejos procesos ópticos. Aquí intervienen los efectos de interferencia que tienen lugar cuando la luz se refleja y se refracta repetidas veces en el interior de una estructura de grosor microscópico, razón por la que hablamos también de «colores estructurales». En ocasiones estos aparecen junto con tonos debidos a pigmentos, lo que genera la mezcla de efectos correspondiente. Por ejemplo, si la estructura en la superficie de un objeto genera un color de interferencia azul y, además, contiene pigmentos amarillos, observaremos un tono verdoso.
 

Estructura y color

En el caso de los insectos, la luz del sol interacciona con capas individuales cuyo grosor es de un orden de magnitud similar a la longitud de onda de la luz visible, lo que en última instancia modifica la intensidad de cada uno de los colores. Incluso una sola capa delgada y transparente puede brillar con vivos colores.

Cuando la luz alcanza la filigrana transparente de las alas de una mosca, una parte se refleja y otra se refracta en el interior como consecuencia de las diferentes propiedades ópticas del aire y del material del ala.

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