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El consumo de faisán, anterior al de pollo

Un nuevo análisis genético alborota la historia de la domesticación de las aves de corral.

Faisán macho. [J MROCEK, GETTY IMAGES]

El pollo doméstico es, con mucho, el ave más abundante del planeta, con una población que se sitúa en torno a los 23.000 millones. Pero, ahora, una nueva investigación apunta a que otra especie fue antaño un serio aspirante al título de ave de corral predilecta de la humanidad: antiguos restos óseos descubiertos en China han resultado pertenecer no a los primeros pollos domesticados que se creía desde hace tiempo, sino a faisanes. Además, todo indica que los faisanes silvestres convivieron con las personas, lo cual arroja una nueva luz sobre los orígenes del proceso de domesticación.

«No es frecuente encontrar vestigios de cérvidos que sugieran su cohabitación con los cazadores-recolectores, por ejemplo», aclara Loukas Barton, arqueólogo de Dudek, una empresa de asesoría medioambiental de California. «Pero en este caso hemos visto que un animal que consideramos salvaje estuvo conviviendo en un entorno humano.» Barton es el autor principal del estudio, publicado en febrero en Scientific Reports.

La mayoría de los arqueólogos había supuesto que los huesos de aves hallados junto a otros de cerdo y perro, revueltos con útiles agrícolas, en yacimientos de 8000años de antigüedad en el norte de China, eran la prueba más antigua de la domesticación del pollo. Pero muchos se preguntaban de qué modo el gallo bankiva —reconocido como el antepasado silvestre del pollo y la gallina actuales— pudo surgir de repente a más de 1500 kilómetros de su hogar original, en el sudeste asiático. En 2015 se planteó la posibilidad de que los restos óseos perteneciesen a faisanes, que son autóctonos del norte de China.

Para obtener una respuesta definitiva, Barton y sus colaboradores analizaron los huesos de ocho aves desenterradas en el yacimiento neolítico de Dadiwan, en la provincia de Gansú, datado en 7500 años, que habían sido identificados como pertenecientes a pollos. Los investigadores de la Universidad de Oklahoma usaron dos métodos, entre ellos la secuenciación íntegra del genoma mitocondrial, para confirmar que los huesos pertenecieron a faisanes.

Las pruebas bioquímicas revelaron que esos faisanes subsistieron básicamente con mijo, un cereal cultivado, lo que induce a pensar que convivieron con humanos durante todo el año, un primer paso hacia la domesticación. Barton afirma que el proceso probablemente corrió paralelo al de la domesticación del gallo: algunas aves silvestres comenzaron a entablar un contacto prolongado con los pobladores humanos y acabaron trabando una relación de interdependencia con ellos. Sin embargo, la domesticación verdadera entraña la modificación morfológica o genética a través de la selección artificial; el genoma de estos antiguos faisanes no se diferencia del de los ejemplares actuales, por lo que técnicamente seguían siendo silvestres.

Yu Dong, genetista en la Universidad de Shandong, califica los hallazgos en calidad de observador externo como «muy importantes», pues aportan un nuevo retazo trascendente de la historia de la domesticación. Eso sí, se pregunta si la presencia de los faisanes era bienvenida por las gentes del Neolítico. «En muchos lugares los campos se cubren hoy con redes para que no devoren los sembrados», apunta.

Barton cree que los antiguos pobladores vieron en el faisán una fuente de carne, pero sospecha que su puesta intermitente hizo que se decantaran por la gallina y su puesta más continuada como fuente de huevos, lo cual tal vez explique «por qué hoy no comemos faisán asado los domingos».

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