El coronavirus no se va a ningún lado

¿Cómo lograremos convivir con él?

[PETER TURNLEY]

La COVID-19 seguirá presente en forma pandémica, provocando nuevas olas y trastocando la vida cotidiana en una o varias regiones, hasta que el mundo alcance la inmunidad grupal. Llegado ese punto, coinciden la mayoría de los expertos, el SARS-CoV-2 pasará a ser endémico, es decir, su presencia será permanente pero su transmisión se atenuará y se volverá predecible. Lo mismo ocurrió con la terrible gripe de 1918, y hoy en día el virus sigue circulando, 104 años después, en cepas mutadas. Casi todas las infecciones por el virus de la gripe A que ha habido desde 1918 descienden de aquella cepa.

Cuando llegue la fase endémica, podrán optar a vacunarse las personas de todas las edades, y los hospitales y farmacias dispondrán de tratamientos eficaces. En ese punto, quizá sea adecuado comenzar a tratar la COVID como otra enfermedad respiratoria que es más peligrosa que un resfriado, al igual que hacemos ahora con la gripe y con el citomegalovirus: valorando la distribución de una vacuna estacional, vigilando las tasas de hospitalización e informando al público sobre el riesgo en cada momento. Todavía no sabemos si la COVID provocará más complicaciones persistentes, así que es posible que también se necesiten otras precauciones.

En ese futuro, los tests posiblemente se conviertan en algo cotidiano. Las personas asintomáticas que den positivo sabrán que deben llevar mascarilla y aislarse. Si pudiéramos diseñar pruebas así para la gripe y el citomegalovirus, que fuesen baratas y accesibles para todo el mundo en todos lados, la sociedad estaría aún más protegida contra las infecciones respiratorias que antes de la pandemia de COVID.

Aunque la incidencia baje mucho, es improbable que el virus desaparezca. Mientras circule entre los animales, podrá volver a saltar al ser humano en cualquier momento. La naturaleza siempre nos sorprende. Una variante reemergente del SARS-CoV-2 podría ser más o menos contagiosa, más o menos mortífera. La variante ómicron que se extendió este invierno nos ha enseñado a prever lo imprevisible. Nuestro mundo todavía tiene mucho que hacer para prepararse mejor ante nuevas variantes, así como ante los nuevos virus que a buen seguro surgirán.

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