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Los problemas globales necesitan de las ciencias sociales

Sin los saberes humanísticos, las ciencias duras y de datos no bastarán para hacer frente a los retos del próximo decenio.

GETTY IMAGES/BrianAJackson/ISTOCK

A principios de año, Dominic Cummings, asesor del primer ministro británico, publicó en su blog un anuncio insólito en el que invitaba a colaborar, en el seno del Gobierno, a científicos de datos, matemáticos y físicos. Como director saliente de la Real Sociedad de Estadística, con sede en Londres, y nuevo director ejecutivo de la Academia Británica, comparto la razón de la convocatoria: sin duda, los datos tienen un poder enorme para cimentar las políticas públicas.

Pero me preocupa que el llamamiento priorizase las ciencias y las tecnologías por encima de las humanidades y las ciencias sociales. Los Gobiernos también deben aprovechar la experiencia de los profesionales de estas disciplinas; de lo contrario, serán incapaces de afrontar los retos del próximo decenio.

Por ejemplo, la salud mundial no mejorará con una perspectiva puramente médica. Las epidemias son fenómenos sociales, además de biológicos (pensemos en el nuevo coronavirus). Los antropólogos tuvieron un papel destacado en la contención del ébola en el África occidental, con propuestas para sustituir los rituales de inhumación insalubres por prácticas más higiénicas, en lugar de suprimirlos por completo.

Los tratamientos psiquiátricos no progresan lo suficiente. Los avances dependen, en parte, de que se entienda mejor cómo influye el contexto social en la eficacia terapéutica. Lo mismo puede argumentarse en el caso de la resistencia a los antimicrobianos y el abuso de los antibióticos.

Los problemas ambientales, por su parte, no son meramente técnicos y no pueden solventarse a golpe de inventos. Para atajar el cambio climático, necesitaremos las aportaciones de la psicología y la sociología. Las innovaciones científicas son necesarias, pero su eficacia exige comprender cómo nos adaptamos a las tecnologías y cómo modificamos nuestros hábitos. Tampoco la pobreza y las desigualdades económicas podrán reducirse solo con ciencia y matemáticas.

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