Sanar a través de los cuentos

Escuchar relatos mitiga el dolor y el estrés en los niños hospitalizados.

THOMAS FUCHS

Padres, profesores y cuidadores aseguran desde hace mucho tiempo que los cuentos son un remedio mágico para calmar y adormecer a los niños. Ahora, investigadores que trabajan en unidades de cuidados intensivos pediátricos han cuantificado los beneficios fisiológicos y psicológicos de un relato bien contado.

«Sabemos que la narrativa tiene la facultad de transportarnos a otros mundos», dice Guilherme Brockington, estudioso de las emociones y del aprendizaje en la Universidad Federal de ABC en São Paulo y autor principal del nuevo artículo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences USA. En anteriores estudios se afirmaba que los cuentos ayudan a los niños a procesar y controlar sus emociones, pero la mayoría habían tenido lugar en entornos de ensayo, donde los participantes respondían preguntas mientras al mismo tiempo eran sometidos a una resonancia magnética funcional. Según Brockington, «no hay muchos estudios que hayan abordado los efectos fisiológicos y psicológicos de la narración de cuentos» en un contexto hospitalario más cotidiano.

Por ello varios investigadores que trabajan en hospitales brasileños dividieron en dos grupos a 81 pacientes de entre cuatro y 11 años que recibieron la atención de cuentacuentos con una década de experiencia en hospitales. En un grupo, el narrador jugaba a acertijos y adivinanzas con cada niño. En el otro, cada pequeño elegía un libro y escuchaba la narración en voz alta. Antes y después de las sesiones, los investigadores tomaron muestras de saliva de los niños y se les pidió que describieran la intensidad del dolor y, por último, realizaron una tarea de asociación libre de palabras.

Las dos intervenciones reportaron beneficios tangibles en ambos grupos, pues los niveles de cortisol (hormona del estrés) descendieron y los de oxitocina (hormona asociada al bienestar y la empatía) ascendieron, pero los más beneficiados fueron los integrantes del grupo de los cuentos, pues sus niveles de cortisol supusieron una cuarta parte de los del grupo de las adivinanzas, y los de oxitocina casi duplicaron los de estos. Los oyentes de los cuentos también refirieron un alivio del dolor que casi duplicaba el de los participantes en las adivinanzas y describieron con palabras más positivas su ingreso en el hospital.

El estudio demuestra que la participación en juegos o la simple interacción con alguien relaja a los niños y mejora su actitud, pero que escuchar cuentos tiene un efecto especialmente notorio. Los investigadores «intentaron controlar el componente de relación social del narrador, donde creo que reside la clave», afirma Raymond Mar, psicólogo en la Universidad de York en Canadá que estudia los efectos de la narración de cuentos pero que no ha participado en el nuevo estudio.

Como paso siguiente, los autores planean estudiar la duración de dichos efectos, junto con los posibles beneficios de la narración de cuentos en niños aquejados de ciertas enfermedades, como el cáncer. De momento, Brockington afirma que todo indica que la narración es un modo económico y sumamente eficaz de mejorar los resultados clínicos en contextos diversos. Mar coincide: «Es muy alentador y posiblemente generalizable».

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