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1 de Julio de 2017
Geología

La atlántida amazónica

Nuevas pruebas sedimentarias sugieren que, hace millones de años, una parte de la vasta cuenca fluvial del Amazonas estuvo cubierta por el mar.

El río Yavarí, en la frontera entre Perú y Brasil, es uno de los afluentes del Amazonas. Es probable que hace millones de años la cuenca occidental del Amazonas estuviese inundada por el mar. [INGO ARNDT, GETTY IMAGES]

Hace tiempo que los científicos se las ven y se las desean para resolver uno de los grandes misterios biogeográficos de nuestro planeta: ¿cómo modeló la historia geológica del Amazonas su magnífico ecosistema? Ahora, nuevas pruebas sedimentarias procedentes del este de Colombia y del noroeste de Brasil apuntan a que, al menos dos veces en el pasado, parte de la enorme cuenca estuvo cubierta por aguas marinas. La Amazonia es famosa por su río, pero este solo empezó a fluir hace nueve millones de años. Existen diversas ideas sobre cómo debió de ser ese paisaje antes: una pluviselva inundada, un inmenso lago de agua dulce o parte de una red de corrientes con forma de abanico que cubría el continente. Descubrirlo resulta fundamental para entender cómo se generó la asombrosa biodiversidad de la región.

Según una teoría, las aguas marinas inundaron la Amazonia occidental en el Mioceno, lo que pudo haber creado un entorno apto para que evolucionasen numerosas especies nuevas. Sin embargo, aunque los investigadores están de acuerdo en que algunas partes de la Amazonia estuvieron inundadas en el pasado, no existe un consenso sobre los mecanismos ni sobre el tamaño de la inundación.

Un estudio publicado este año en Science Advances sostiene que la Amazonia occidental se inundó durante dos intervalos separados, uno a principios y otro a mediados del Mioceno (hace 18 y 14 millones de años, respectivamente). Carlos Jaramillo, experto en polen del Instituto Smithsoniano de Investigación Tropical; Jaime Escobar, paleoclimatólogo de la Universidad del Norte, en Colombia, y sus colaboradores defienden que el Caribe abrió brechas en la costa sudamericana por lo que hoy son Venezuela y Colombia y que cubrió inmensas zonas de la antigua Amazonia con una lengua de agua salada que se internó en el continente. A medida que el agua avanzaba, fue perdiendo profundidad y se convirtió en un ecosistema marino salobre, luego en una región acuática de transición y, por último, en una zona seca. Los testigos de sedimentos indican que, en la actual Colombia, las inundaciones duraron 900.000 y 3.700.000 años, respectivamente, mientras que en la Amazonia occidental, más tierra adentro, se prolongaron unos 200.000 y 400.000 años.

En su trabajo, los investigadores describen los indicios que ofrecen los testigos de sedimentos sobre esas inundaciones marinas. Los macrofósiles más interesantes, encontrados en un testigo de varios centímetros de ancho extraído en el pozo Saltarín, en la región colombiana de Los Llanos, son un diente de tiburón (posiblemente un tiburón de puntas negras o un tiburón martillo) y un estomatópodo, o mantis marina (crustáceos que suelen cavar madrigueras en el lecho arenoso de los mares tropicales). «Que se haya encontrado un diente de tiburón en un testigo tan estrecho indica que tiene que haber muchos más, lo que apunta a lo extensas que fueron esas incursiones de agua salada», explica Jaramillo. «La pluviselva amazónica es un sistema muy dinámico y no tan viejo como se creía. Hoy cubre una superficie tan grande como la de EE.UU., pero hace 14 millones de años era mar.»

Los nuevos hallazgos coinciden con las investigaciones de la geóloga y experta en pólenes Carina Hoon, de la Universidad de Ámsterdam y de la Universidad Regional Amazónica Ikiam, en Ecuador. Hoom, que no ha participado en el estudio de Science Advances, determinó hace poco la edad del río. «En conjunto, las pruebas de una incursión marina en la Amazonia son realmente abrumadoras», señala, y añade que estas abren el camino a nuevas investigaciones sobre la manera en que aquel entorno marino influyó en la evolución de la biodiversidad de la zona.

Otros expertos son más cautelosos. «El artículo ofrece pruebas, importantes aunque no absolutamente concluyentes, de las incursiones marinas», dice Christopher Dick, biólogo evolutivo de la Universidad de Míchigan que estudia la diversificación vegetal en varias partes del Amazonas. «Pero la mayoría de los demás escenarios siguen siendo posibles, incluso a la luz de estos nuevos datos.»

Jaramillo y sus coautores no llegan a afirmar que las incursiones de agua marina del Mioceno fuesen la única razón de la biodiversidad del Amazonas, pero sí creen que varios de los géneros de plantas existentes en la actual pluviselva podrían remontarse a especies que vivían en bosques permanentemente inundados. Dick discrepa. Desde la perspectiva de la botánica terrestre, argumenta, costaría demostrar que la actual diversidad de especies derive de esas inundaciones. Todo apunta a que el trabajo detectivesco para desentrañar el pasado de este imponente río y su selva continuará durante largo tiempo.

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