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1 de Agosto de 2007
Astronomía

Telescopios de espejo líquido

Una vieja idea para captar imágenes astronómicas está renaciendo gracias a los avances técnicos.
Hay en las remotas montañas suroccidentales de la Columbia Británica un caserón que, desde lejos, uno confundiría con una iglesia o con un refugio de esquiadores. Nadie diría, ni siquiera visto de cerca, que esconde uno de los mayores telescopios de Norteamérica. En noches claras, su empinado tejado se abre para que el telescopio obtenga imágenes de las estrellas y galaxias que pasan sobre él. Lo más sorprendente, sin embargo, es el corazón de ese telescopio, su espejo primario, que colecta y enfoca la luz: un disco rotante de mercurio líquido.
Los telescopios astronómicos corrientes utilizan espejos de vidrio para ese propósito. Los dos mayores, los telescopios gemelos Keck de 10 metros de diámetro, situados en la cima del Mauna Kea, en Hawai, disponen de sendos espejos primarios segmentados, cada uno de ellos compuesto por 36 segmentos hexagonales. Hubo que construir y pulir esos segmentos con una precisión de unas pocas décimas de nanómetro, para recubrirlos luego con una fina capa de aluminio o plata que les proporciona la reflectividad. Espejos así requieren también un complejo sistema de soportes para evitar que su superficie se distorsione con los cambios de temperatura o por efecto de la gravedad.

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