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1 de Diciembre de 2014
Cambio climático

Ciudades contra el cambio climático

Marcha del Pueblo por el Clima en Nueva York. [GETTY IMAGES]

En la ciudad que nunca duerme, las luces permanecen encendidas toda la noche. Para satisfacer su demanda de alumbrado, calefacción, aire acondicionado y otros servicios, Nueva York emitió en 2005 casi 60 millones de toneladas de gases de efecto invernadero.

Ocho años después, a pesar de que la población ha aumentado y se ha seguido construyendo, las emisiones de la Gran Manzana han disminuido en más de 11millones de toneladas. ¿Cómo? Prohibiendo la variedad más sucia de petróleo para calefacción y empleando gas natural para generar electricidad.

Nueva York no es la única urbe que se ha tomado en serio el cambio climático. Varias ciudades de todo el mundo están llenando el vacío de liderazgo dejado por los Estados, que llevan más de dos décadas sin emprender medidas de consideración contra el calentamiento global. A la cabeza se han puesto las ciudades costeras, particularmente vulnerables a la subida del nivel del mar y a otros efectos perjudiciales del aumento de las temperaturas.

Copenhague y Melbourne, entre otras, han propuesto medidas para lograr una contribución neta nula a las emisiones de carbono. Este año, durante la Cumbre sobre el Clima de las Naciones Unidas, el Pacto de los Alcaldes (una agrupación de 228 ciudades de todo el mundo en las que viven un total de 436 millones de personas) se comprometió a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 2000 millones de toneladas al año. Incluso las urbes chinas se han sumado a tales iniciativas. En 2013, siete regiones del gigante asiático abrieron mercados de derechos de emisión; entre ellas, Shenzen, que el año pasado redujo sus emisiones de dióxido de carbono en 2,5 millones de toneladas, según informó el teniente de alcalde, Tang Jie.

Tales avances contrastan con el fracaso de China como nación para reducir su intensidad de carbono (las emisiones ponderadas por la actividad económica), tal y como se había comprometido a hacer en un plan quinquenal que vencerá el año próximo. China, EE.UU. y el resto del mundo han estado arrojando a la atmósfera más de 36.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año, una cifra que sigue en aumento.

Ante la falta de avances, no menos de 100.000 personas tomaron el pasado mes de septiembre las calles de Nueva York para exigir una respuesta por parte de los líderes mundiales. Los participantes en la Marcha del Pueblo por el Clima expresaron su esperanza de que el año próximo, cuando los representantes se reúnan en París con motivo de la vigésima primera conferencia internacional sobre el tema, se logre un acuerdo vinculante para reducir las emisiones. Numerosos expertos en política climática creen, sin embargo, que la reunión no dará para tanto. (El pasado mes de noviembre, China y EE.UU. alcanzaron un acuerdo bilateral de reducción de emisiones.)

Vayan como vayan las conversaciones internacionales, un análisis del grupo de ciudades C40 ha concluido que, para 2050, las iniciativas municipales podrían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 8000 millones de toneladas. Aunque se trata de una cifra considerable, sus objetivos no van mucho más allá de los que alcanzara en su día el Protocolo de Montreal, firmado en 1987. En este sentido, un acuerdo internacional conseguiría de una sola tacada lo que, de otro modo, requerirá aprobar cientos de leyes locales. Mientras tanto, y a falta de un acuerdo internacional, las ciudades seguirán con las luces encendidas, trabajando para reducir las emisiones.

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