Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Marzo de 2019
Salud ambiental

Cuando la primera línea de defensa fracasa

Los contaminantes ambientales son más dañinos para la piel de lo que se creía. Sus efectos pueden abarcar desde una mera irritación hasta la muerte.

Numerosas ciudades del mundo presentan niveles de contaminantes atmosféricos semejantes a los de la cuenca del Ruhr (arriba). Los habitantes de esta región sufren una mayor incidencia de dermatitis crónicas y más manchas seniles que los de zonas más limpias. [LUKAS SCHULZE/GETTI]

En algunas metrópolis asiáticas es habitual usar mascarilla para no inhalar los contaminantes que saturan el aire de las calles, impidiendo que lleguen a los pulmones. Hace más de diez años, el dermatólogo Jean Krutmann comenzó a preguntarse si dichos contaminantes afectaban también al mayor órgano del cuerpo humano: la piel. Junto con sus colaboradores, se dispuso a estudiar cómo evolucionaba la salud de asiáticos y europeos habitualmente expuestos a las emisiones de los tubos de escape, como el dióxido de nitrógeno o las partículas en suspensión.

Los primeros resultados de Krutmann hicieron sonar todas las alarmas. Las personas expuestas a los contaminantes atmosféricos comunes tienen una mayor incidencia de dermatitis crónicas y más manchas seniles que las que viven en zonas más limpias. «Me había imaginado que los resultados no serían concluyentes», asegura Krutmann, director del Instituto Leibniz de Investigación en Salud Ambiental, de Düsseldorf: «A todos nos sorprendió comprobar que había una asociación tan marcada».

La piel, la barrera blanda y flexible que recubre el cuerpo, es lo suficientemente porosa para absorber la humedad o los fármacos administrados en forma de parche y para exudar emulsiones protectoras, pero esa misma porosidad también la hace vulnerable a los compuestos ambientales. Además, la radiación ultravioleta del sol puede provocar envejecimiento prematuro de la piel y tumores cutáneos, como el carcinoma espinocelular, mediante un mecanismo que se conoce desde hace decenios. En los últimos tiempos, se ha investigado mucho en este campo y se han descubierto los graves efectos que pueden tener para la piel los contaminantes, los plaguicidas y otras sustancias presentes en el aire.

«En el último decenio, ha crecido enormemente el interés científico por los nuevos agresores ambientales», afirma Whitney Bowe, dermatóloga de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí, en Nueva York. Y aunque el daño que causa esta exposición suele circunscribirse a la piel, también puede ser mucho más profundo. Los contaminantes y los compuestos que atraviesan la piel pueden contribuir al desarrollo de enfermedades como el asma o el cáncer de mama, así que los científicos están indagando maneras novedosas de mantener a raya esas incursiones cutáneas.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.