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1 de Marzo de 2019
Conservación

¿Es posible salvar los corales?

Los científicos cultivan, trasplantan y mejoran genéticamente los corales contrarreloj con el fin de acelerar su adaptación a un océano cada vez más cálido, pero el reto de reconstruir arrecifes enteros resulta abrumador.

Un ejemplar de Acropora de la Gran Barrera de Coral libera espermatozoides y óvulos. Todos los corales que habitan a lo largo de sus más de dos mil kilómetros frezan una sola vez al año, en verano. [GETTY IMAGES]

En síntesis

El calentamiento global está matando los corales. El trasplante de ejemplares criados en cautividad es uno de los métodos estudiados para facilitar su adaptación.

Se ha comprobado que los corales sometidos a estrés activan genes que dan lugar a descendientes más resistentes. Además, la mejora de ciertas algas simbiontes puede mejorar su salud.

Estas técnicas podrían restaurar los arrecifes a escala regional, pero la recuperación global solo será posible si la humanidad ralentiza el calentamiento planetario.

Permanezco de pie en una playa australiana, con los dedos de los pies enterrados en la arena, mientras subo la cremallera de mi traje de neopreno antes de sumergirme en la Gran Barrera de Coral. Mientras contemplo el mar, me emociono recordando mi última inmersión en este mismo lugar, justo hace una década. Crecí en Ohio y pasé mi infancia leyendo Un día en la vida de un biólogo marino, tras quedar cautivada por Discovery Channel. Obtuve mi título de submarinista en uno de los turbios lagos de Ohio, pero tan solo un año después logré viajar a la Gran Barrera. Recuerdo la ansiedad que me oprimía el pecho la víspera de la inmersión. Mi amiga Emily, ahora especialista en algas marinas, y yo especulábamos sobre cuánta autonomía podríamos tener con el aire de nuestras botellas, que finalmente nos brindaron dos mágicas horas de buceo. Quedamos fascinadas por un bosque de vibrantes corales, rebosante de sepias, almejas gigantes y plácidas tortugas marinas.

Estoy aquí de nuevo, ahora en calidad de investigadora posdoctoral en el Instituto Australiano de Ciencias Marinas. Entro en el agua hasta la barbilla, sumerjo la cabeza y miro en derredor a través de la máscara. Mi corazón se angustia. Ni rastro de las sepias. Tampoco veo almejas gigantes ni tortugas. El coral luce un aspecto monótono. La mayor parte de la vibrante vida marina ha sido sustituida por arena y algas. Aunque conocía los relatos de otros investigadores más veteranos sobre cómo un determinado arrecife se había degradado a lo largo de sus vidas, me siento demasiado joven como para ser testigo de un cambio de tamaña magnitud en solo diez años. Debería presenciar esto al final de mi carrera, no al principio.

Esa traumática revelación tuvo lugar en 2014, al inicio del tercer episodio de blanqueo en masa del coral. A menudo confundidos con rocas o plantas, los corales están constituidos por colonias de animales diminutos (pólipos) que albergan en su seno algas microscópicas, las cuales les confieren su color y les suministran alimento. El estrés causado por el aumento de la temperatura les induce a expulsar las algas; como consecuencia se vuelven blancos y caen presa de la inanición y las enfermedades. El blanqueo en masa duró tres largos años y dejó asolados arrecifes enteros en todo el mundo, a la par que muchos corazones desolados. Amenazados por la sobrepesca, la contaminación y la acidificación de los mares, nadie duda de que el principal problema a corto plazo proviene del calentamiento del agua de mar.

Los dos episodios precedentes de blanqueo en masa ocurrieron en 1998 y 2010; ambos fueron desencadenados por un calentamiento asociado al fenómeno de El Niño. El episodio de 2014 a 2017 ha sido el más duradero y extenso, pues ha dañado más del 70 por ciento de los arrecifes del planeta. Dos tercios de la Gran Barrera han muerto o han sufrido un blanqueo generalizado, cuyos efectos devastadores aún perduran. Los arrecifes están desapareciendo ante nuestros ojos. Durante los últimos 30 años, el mundo ha perdido el 50 por ciento de ellos y algunos calculan que en 2050 quedará solo una décima parte. Necesitamos soluciones y las necesitamos ahora.

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