Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Cartografiar los bosques

El empleo de la técnica lídar ha supuesto un avance en la elaboración de los inventarios forestales.

Cortesía de BLOM Sistemas Geoespaciales

Una evaluación detallada de los recursos forestales existentes en un territorio resulta esencial para poder tomar decisiones correctas con respecto a las tres funciones básicas del bosque: protección, regulación y producción.

Los inventarios forestales realizados con los métodos tradicionales pueden proveer esa información, aunque presentan limitaciones en su resolución espacial y temporal. La técnica lídar (de light detection and ranging) ha brindado una solución eficaz y de gran precisión en este ámbito. Con ella se estiman los atributos de los árboles individuales y de la masa en su conjunto (altura dominante, número de pies, área basimétrica, volumen y biomasa) de manera más precisa que con los inventarios tradicionales, basados en datos tomados a pie de campo.

En el lídar, un sensor activo transportado en una aeronave emite pulsos láser muy cortos, en un estrecho ancho de banda infrarroja. Una parte de la radiación que alcanza el terreno es reflejada en dirección al sensor, donde un detector de luz registra el tiempo de retorno e intensidad del eco, con lo que pueden determinarse las distancias entre el sensor y el objeto.

La mayoría de los pulsos son reflejados por las hojas y las ramas de los árboles, aunque algunos penetran en la vegetación y alcanzan el suelo. Ello permite medir al mismo tiempo elevaciones del terreno y detectar objetos sobre él. Mediante diferentes técnicas de filtrado, se separan los datos correspondientes al terreno y a la vegetación, con lo que se obtiene un modelo digital del terreno (MDT) y un modelo digital de elevación (MDE). La extracción del MDT con respecto al MDE nos da un modelo de alturas de la vegetación.

Se crea así una nube de puntos tridimensionales, que necesita ser interpretada y transformada en parámetros geofísicos, adaptados a las diferentes especies de árboles y condiciones ambientales. A partir de la nube de puntos, junto con algunos datos de campo, se derivan diversos parámetros que se utilizan para estimar empíricamente los atributos de masa antes mencionados. El uso de esta información, combinada con otras herramientas se halla en continuo desarrollo y está demostrando un claro potencial en el manejo de los recursos forestales. En España se realizaron las primeras pruebas piloto con fines comerciales en 2007 y su empleo se ha generalizado desde el año 2008. Desde entonces, decenas de miles de hectáreas de bosques se han inventariado mediante esta técnica.

Contenidos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.