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1 de Abril de 2014
Botánica

Control molecular de la polinización

De los distintos tipos de polen que recibe una planta, ¿cómo elige esta el más apropiado para reproducirse?

Carl E. Lewis/Wikimedia Commons/CC BY SA 2.0

En síntesis

Las plantas con flores han desarrollado estrategias complejas para controlar la fecundación. De todos los granos de polen que llegan al pistilo, la planta favorece la germinación y el crecimiento de los más apropiados para la supervivencia de la especie.

Uno de los mecanismos más extendidos en la reproducción vegetal es la autoincompatibilidad, un sistema que actúa como una eficaz barrera para reconocer y rechazar el polen propio o el genéticamente relacionado.

De este modo, los vegetales evitan la endogamia y promueven la diversidad genética.

Las plantas carecen de la capacidad de desplazarse. Son organismos sésiles. Debido a ello, existe un componente importante de azar en la polinización, sobre la que ejercen un escaso control. Reciben de modo pasivo, y con pocas posibilidades de selección, el polen transportado hasta las flores por agentes externos, principalmente el viento y los insectos. Sin embargo, el arribo del polen viable no es garantía de éxito. Los diminutos granos deben recorrer un largo camino y superar varias barreras para lograr la fecundación.

En las Angiospermas, las plantas que forman flores y semillas, la reproducción sexual es un proceso complejo. Se inicia con la polinización, la llegada del grano de polen procedente de las anteras masculinas a los tejidos femeninos organizados en el pistilo. Este último consta de tres estructuras básicas: el estigma en la parte superior, el ovario en la inferior (donde se ubican los óvulos) y el estilo, una estructura tubular que une el estigma con el ovario. Al llegar al estigma, el grano de polen se hidrata y germina emitiendo el tubo polínico, el cual crece a través del estilo hasta llegar al ovario. Allí, el tubo penetra en el óvulo y alcanza el saco embrionario, una estructura multicelular que contiene el gameto femenino. En el interior del saco, el tubo descarga dos células espermáticas. Una de ellas, el gameto masculino, se fusiona con la célula huevo, o gameto femenino, para formar el zigoto; a partir de este surge, mediante divisiones celulares sucesivas, el embrión que dará lugar a una nueva planta. La otra célula espermática se une con los dos núcleos de la célula central del saco y origina el endosperma, el tejido nutricio que alimentará al embrión en sus primeros estadios de crecimiento. El embrión y el endosperma están protegidos dentro de la semilla, que en las Angiospermas se desarrolla, a su vez, en el interior del fruto. Este evento de doble fusión de células y núcleos masculinos y femeninos fue descubierto hace más de cien años y se conoce como fecundación doble.

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