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Hace 50, 100 y 150 años

Recopilación de noticias publicadas en Scientific American.
Por Daniel C. Schlenoff

1869: El «Avitor» voló bien como modelo, pero fracasó en condiciones reales.
[SCIENTIFIC AMERICAN, VOL. XXI, N.o 23, 4 de diciembre de 1869]

1969
Actitudes ante la hierba

«La actitud predominante de la población estadounidense ante la marihuana está cargada de una hiperemotividad tendenciosa. Esta se debe en parte a una campaña educativa iniciada en los años treinta por el Departamento Federal de Narcóticos, la cual difundió no pocas tergiversaciones y mucha desinformación sobre esa droga. La huella de la ética protestante, aún poderosa en este país, condena la marihuana como opiáceo usado solo como fuente de placer (mientras que acepta el alcohol porque lubrica los engranajes del comercio y cataliza las relaciones sociales). El efecto de la marihuana de producir introspección y apatía física repugna a una tradición cultural que valora la actividad, la agresividad y el éxito.»

Felicitación de Año Nuevo

«Los versos que siguen se escribieron después de que el poeta W. H. Auden leyera Vida en la piel humana, de Mary J. Marples [Scientific American, enero de 1969]:


Manda la tradición en este día
que cada cual examine bien
su vida,
mis deseos de felicidad a todos, hongos, bacterias, virus,
aerobios y anaerobios:
un venturoso Año Nuevo
a todos para quienes mi ectodermo es como para mí una Tierra Media.


Quisiera creer que
un mundo difícil no ofrezco,
aunque no será un paraíso:
cuanto hago, sea por juego o con un fin,
allá puede que resulte desastroso.
Y si eres creyente,
¿cómo justificarían tus obras
los sufrimientos inmerecidos?»

 

1919
La naturaleza de las cosas

«Nos expone el doctor Einstein que, cuando se alcanzan unas velocidades que solo ahora hemos podido investigar de cerca, suceden cosas extraordinarias, irreconciliables con nuestras ideas actuales del tiempo y el espacio y de la masa y la distancia. Nos tienta reírnos de él, decirle que los fenómenos que sugiere son absurdos porque contradicen esos conceptos. Nada sería más imprudente. Debemos prepararnos para admitir que esas condiciones revelan unos hechos que marcan una época, tanto como cuando Galileo apuntó al firmamento el primer telescopio. Y si esos hechos nos obligan a descartar las ideas presentes sobre el tiempo y el espacio y sobre la masa y la distancia, debemos hacerlo tan concienzudamente como nuestros antepasados medievales tuvieron que renunciar a sus ideas de la perfección celestial.»

1869
No apta para el vuelo

«En una sala de los Talleres Avitor, en Shell Mound Lake (California), tuvo lugar la exhibición de una máquina voladora, designada como “Avitor” por su inventor, el señor Frederic Mariott. De ella incluimos una ilustración. Las esperanzas que en principio suscitó el éxito del experimento, realizado en un espacio cerrado, se vieron luego frustradas por los fracasos de los intentos de gobernarla contra el viento. Era solo una máquina de prueba, un globo en forma de cigarro, de once metros de longitud. La caldera y el fogón miden juntos solo poco más de treinta centímetros de largo y diez de ancho.»

La invención de la tarjeta postal

«El Gobierno austríaco ha introducido una novedosa forma de franqueo, de cuyas ventajas podrían beneficiarse otros países. Su propósito es que cualquier persona pueda enviar mensajes breves sin las molestias de papeles, plumas y sobres. En todas las oficinas de correos se venden por dos cruceros unas tarjetas de tamaño fijo, en una de cuyas caras se escribe el destinatario y en la otra el texto. Sin sobres se echan en el buzón y se reparten. Un correo sencillo y económico como este sería realmente muy cómodo, sobre todo en las grandes ciudades.»

Pensamientos de locura

«Nuestros cerebros son relojes de setenta años. El Ángel de la Vida les da cuerda, luego cierra la caja, y pone la llave en la mano del Ángel de la Resurrección. ¡Tic-tac, tic-tac!, se mueven los engranajes del pensamiento; nuestra voluntad no puede pararlos; no pueden pararse por sí mismos; el sueño no puede lentificarlos; solo la locura puede acelerarlos; únicamente la muerte puede irrumpir en la caja e, inmovilizando el péndulo siempre oscilante, al que llamamos corazón, silenciar al fin los clics de la terrible rueda de escape que tanto tiempo hemos llevado bajo nuestras arrugadas frentes. ¡Ojalá pudiéramos llegar hasta ellos mientras reposamos sobre nuestra almohada y contar los adormecidos compases de un pensamiento tras otro y de una imagen tras otra rechinando por nuestros agotados órganos!
—Oliver Wendell Holmes»

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