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  • Investigación y Ciencia
  • Mayo 2014Nº 452

Psicología

¿Por qué las buenas ideas bloquean otras mejores?

Al enfrentarnos a un problema, un sesgo cognitivo nos empuja a centrarnos en las soluciones que ya conocemos y, literalmente, nos impide ver las alternativas.

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En 1942, el psicólogo Abraham Luchins llevó a cabo un experimento, hoy ya clásico, en el que pidió a un conjunto de voluntarios resolver un problema matemático sencillo. En él los participantes debían imaginar tres jarras vacías, con capacidades para 21, 127 y 3 unidades de líquido, respectivamente, y encontrar la manera de medir 100 unidades transfiriendo agua de un recipiente a otro. Cada jarra podía llenarse y vaciarse tantas veces como desearan, pero, en caso de verter agua en ellas, esta debería siempre alcanzar los bordes. La solución consiste en llenar la segunda jarra (de 127 unidades), vaciar luego parte de su contenido en la primera (de 21 unidades), a fin de que queden 106, y, por último, llenar dos veces la tercera (de 3 unidades). Acto seguido, Luchins les propuso otros problemas que, en esencia, podían resolverse en los mismos tres pasos. Los sujetos lo lograron con rapidez. Sin embargo, cuando se les planteó una situación que admitía una solución más simple que las anteriores, no supieron verla.

En aquel caso Luchins pidió a los participantes que obtuvieran 20 unidades de agua usando jarras de 23, 49 y 3 unidades de capacidad. ¿Sencillo, verdad? Basta con llenar el primer recipiente y, con ese líquido, colmar el tercero. Sin embargo, muchos insistieron en resolver el problema con el método anterior; es decir, vertiendo el agua del segundo recipiente en el primero y después en el tercero dos veces. Por último, cuando Luchins les propuso otro problema que también podía resolverse en dos pasos pero que, en cambio, no admitía la familiar solución en tres etapas, los participantes lo dejaron por imposible.

El experimento descrito constituye uno de los ejemplos más famosos del efecto Einstellung («de focalización»): la obstinada tendencia del cerebro humano a aferrarse a la solución más conocida —la primera que llega a la mente— y a hacer caso omiso de las alternativas. Con frecuencia, esa manera de reaccionar nos proporciona una heurística útil: una vez que hemos dado con un método eficaz para, pongamos por caso, pelar ajos, no tiene mucho sentido ensayar nuevas técnicas cada vez que hemos de mondar un diente. En ocasiones, sin embargo, este atajo cognitivo nos impide ver soluciones más eficientes que las que ya conocemos.

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