El control de la rabia en los animales salvajes

Se está sometiendo a prueba, a ambos lados del Atlántico, un método revolucionario, resultado de la labor investigadora comenzada modestamente en un laboratorio norteamericano hace treinta años.

El 13 de abril de 1990, en una taberna de la localidad texana de Mercedes, un murciélago mordió el dedo índice de la mano derecha de un cliente de 22 años. No acudió al médico y se encontró bien hasta el 30 de mayo, cuando comenzó a notar cierta debilidad en la mano afectada. Murió de rabia seis días después, atormentado por muchos de sus síntomas. Antes de caer en coma, sufrió episodios de rigidez y de respiración anhelante, alucinaciones, extrema dificultad para tragar, hasta el punto que rechazaba los líquidos, espasmos frecuentes en la cara, boca y cuello, babeo continuo y, finalmente, desorientación acompañada de fiebre alta.

Cada año, muertes como ésa aguardan a más de 25.000 seres humanos de todo el mundo, panorama desolador que podría cambiar muy pronto gracias al desarrollo, durante los últimos 30 años, de métodos de inmunización de animales escogidos al azar en sus madrigueras. El material utilizado incluye varios cebos comestibles y una vacuna fabricada mediante ingeniería genética.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.