Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2019Nº 509

Geología

Infierno oculto

Bajo la superficie de Chile podría estar gestándose un supervolcán. Su interior frío está trastocando nuestras ideas sobre cómo se desencadenan las mayores erupciones del planeta.

Menear

El helicóptero daba violentos bandazos en el aire gélido, a centenares de metros sobre los Andes chilenos. Cada vez que se ladeaba al girar, el aparato descendía veinte metros y los escarpados picos parecían precipitarse sobre Brad Singer a través del lateral abierto (habían retirado la puerta para facilitar la labor fotográfica). Las sacudidas y el camino expedito hasta el suelo no ayudaban a que Singer, geólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison acostumbrado a trabajar en tierra firme, se sintiera muy seguro pese al cinturón que lo amarraba al asiento. «Era como estar en una montaña rusa gigante y ruidosa», rememora.

Sin embargo, el impresionante panorama que se extendía a sus pies, con los vestigios de una dilatada historia volcánica, lo distrajo de sus preocupaciones sobre una posible caída. Singer y sus colaboradores sobrevolaban un campo de lava de color rosa claro que ocupaba 20 kilómetros cuadrados de aquel paisaje inhóspito, un área que podría alojar fácilmente 25 cráteres como el de la cumbre del Kilauea. Y eso era solo una parte de lo que el geólogo había ido a ver. La región volcánica de la laguna del Maule alberga unos 50 campos de lava y 70 depósitos de cenizas que bordean un lago azulado de 54 kilómetros cuadrados. Según Singer, que ha explorado la zona durante los últimos veinte años, la inmensa escala de la región solo puede apreciarse a vista de pájaro. Es la única forma de asimilar que la zona de la laguna del Maule posee la mayor colección del mundo de riolita (una roca que, en forma de magma líquido, puede ser especialmente explosiva y peligrosa) expulsada en erupciones recientes.

Los geólogos creen que las coladas y los depósitos han sido producidos por 25 o 30 volcanes a lo largo de los últimos 20.000 años. Ese registro se asemeja misteriosamente al de Long Valley, en California, donde, además de un aluvión de lo que Singer denomina explosiones «habituales», un enorme volcán creó una depresión de 500 kilómetros cuadrados hace unos 765.000 años. Esta similitud geológica y el inquietante abultamiento del terreno que comenzó a observarse en la laguna del Maule hace aproximadamente una década sugieren que la región podría convertirse en el próximo supervolcán.

Los supervolcanes son una de las fuerzas más destructivas del planeta. Cada una de sus erupciones arroja al menos 1000 kilómetros cúbicos de roca y ceniza, 2500 veces más material que la devastadora explosión del monte Santa Elena en 1980. Los mapas de la cámara magmática subterránea de la laguna del Maule indican que ha crecido lo suficiente como para poder expulsar esa cantidad de material en un solo episodio eruptivo. Aun si libera parte de su vapor en una serie de erupciones menores, el sistema de la laguna del Maule parece constituir un buen modelo de los antiguos gigantes.

Además, presenta una característica clave que no posee ningún otro supervolcán: se está formando ante nuestros ojos. Hasta ahora, los geólogos han deducido todo lo que saben acerca de estos colosos a partir de rocas antiguas, depósitos de ceniza y otras secuelas, una labor forense que les permite reconstruir algunos aspectos de las explosiones. Pero la región de la laguna del Maule se está despertando ahora, brindándonos la primera oportunidad de observar en directo la evolución de estas catástrofes. «Nunca hemos presenciado la enorme erupción de un supervolcán», explica Singer. Esa perspectiva es motivo de preocupación para los varios cientos de miles de habitantes de las poblaciones cercanas. Si bien no parece probable que se produzca una supererupción a corto plazo, algunas instituciones públicas de Argentina y Chile están vigilando la zona.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados

Revistas relacionadas