Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Limpieza electromagnética del espacio

¿Cómo eliminar la chatarra espacial del entorno terrestre?

BRUNO VACARO

Hace años que las inmediaciones de nuestro planeta se encuentran cada vez más llenas de todo tipo de chatarra, desde piezas desprendidas en colisiones de satélites hasta instrumentos enteros que han perdido el control o cuya vida útil ha terminado. Algunas órbitas ya comienzan a estar tan atiborradas que, antes o después, el riesgo de choque acabará siendo inaceptable [véase «El vertedero de la era espacial», por John Matson; Investigación y Ciencia, noviembre de 2012].

Ante tal perspectiva, hace tiempo que los expertos estudian posibles técnicas de limpieza. Aparte de métodos similares a los empleados en tierra firme, como la recogida de restos mediante brazos robóticos, los científicos intentan sacar partido de una particularidad del entorno espacial: debido a la práctica ausencia de rozamiento, una pequeña fuerza aplicada durante largo tiempo puede llegar a producir efectos notables.

En las zonas en que la atmósfera es lo bastante densa, el rozamiento con el aire puede frenar los objetos en órbita, hacerlos regresar a la superficie e incluso desintegrar los de menor tamaño. A 200kilómetros de altitud, la vida útil de un satélite apenas llega a 60 días. Sin embargo, a medida que nos elevamos, la densidad del aire y el rozamiento disminuyen. A 250 kilómetros, la vida de un objeto asciende a 220 días; a partir de los 500kilómetros, a varios años, y a 1000 kilómetros se mide ya en siglos.

Para las órbitas bajas comprendidas entre 500 y 2000 kilómetros de altitud, el mejor procedimiento para desembarazarse de un satélite consiste en hacerlo descender hasta los 200 kilómetros y, después, dejar que la atmósfera haga el resto del trabajo. Para ello, sin embargo, el objeto debe frenarse en unos 400 metros por segundo. ¿Cómo lograrlo?

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.