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1 de Junio de 2015
Nanomedicina

Nanobots terapéuticos

Superar todas las dificultades técnicas podría llevar veinte años o más, pero ya se han dado los primeros pasos hacia una medicina por control remoto.

HARRY CAMPBELL

En síntesis

Algún día, una flota de nanomedicamentos y de dispositivos viajará dondequiera que se los necesite en el cuerpo, donde llegarán por sí solos mediante motores y combustibles biocompatibles.

Pero antes de que llegue ese día, deberá aprenderse a diseñar estos compuestos de modo que puedan moverse sin dañar o interferir con las funciones biológicas normales.

De momento se está explorando el uso de campos magnéticos y ultrasonidos para guiar las nanopartículas hacia sus objetivos. Pero estas técnicas no permiten acceder en profundidad a los tejidos.

Otra opción consiste en crear nanobots a partir de ADN. Algunos de estos compuestos están diseñados para funcionar como recipientes que se abren y liberan su contenido solo en determinadas circunstancias.

La nanomedicina del futuro podría contemplar el desarrollo de minúsculos agentes terapéuticos que naveguen con su propia energía hacia un lugar específico en el cuerpo. Al llegar, estos dispositivos autónomos actuarán de diversas maneras, como liberar su carga medicinal o informar en tiempo real de su progreso en la lucha contra la enfermedad. Una vez cumplida la misión, se degradarán de una manera segura, sin apenas dejar rastro. Estos nanobots estarán fabricados con materiales biocompatibles, metales magnéticos o incluso moléculas de ADN, todos ellos seleccionados por sus propiedades útiles a escala atómica, así como por su capacidad de burlar las defensas del organismo sin causar daño celular.

Aunque tal perspectiva quizá tarde una o dos décadas en cumplirse, los investigadores ya han comenzado a abordar algunos de los problemas técnicos de esas aplicaciones. Uno de los mayores desafíos consiste en garantizar que los nanodispositivos alcancen sus objetivos dentro del cuerpo.

El poder de las ondas
La mayoría de los fármacos que hay en el mercado son transportados con rapidez a través del organismo por el torrente sanguíneo, bien después de ser inyectados directamente en la sangre, o bien, si se trata de comprimidos, después de ser absorbidos por los vasos del tracto digestivo. Pero estos medicamentos llegan tanto a los lugares donde se necesitan como a aquellos donde pueden causar complicaciones indeseadas. Las nanomedicinas, en cambio, se diseñan para que se dirijan de manera específica a un tumor o a otro lugar donde exista un problema y, una vez allí, liberen su carga, con lo que se reduce el riesgo de efectos secundarios.

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