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  • Investigación y Ciencia
  • Mayo 1991Nº 176

Arqueología

Arqueología sin excavación

Un examen a ras de suelo de los lugares en que hubo otrora poblaciones proporciona hallazgos de restos suficientes para reconstruir la historia urbana. Suministra pruebas que con la excavación tradicional se perderían.

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En agosto de 1981, hacia el final de la temporada que pasamos en Grecia, descubrimos Askra, la aldea natal del poeta Hesíodo. Los arqueólogos habían buscado una y otra vez su emplazamiento durante todo un siglo. Aquel terreno de 15 hectáreas situado en los altos de Beocia, en el centro de Grecia, era importante por sus recuerdos literarios y porque venía a ser un mirador desde donde contemplar la vida rural griega. Pero el excavarlo a fondo era también algo que rebasaba con mucho nuestros recursos.

El enfoque que adoptamos para investigar sobre Askra —observación de la superficie de su terreno— no es sólo una alternativa de presupuesto escaso a los métodos arqueológicos tradicionales basados en la excavación. Las inspecciones de la superficie del terreno suponen enfocar de un modo fundamentalmente diferente el estudio de cómo nacieron, crecieron y murieron las comunidades humanas. Ofrecen un amplio muestrario de la vida que se desarrolló en un lugar, más que un muestreo estadísticamente dudoso (aunque exhaustivo) de unas pocas parcelas. En algunos casos, las inspecciones a ras de suelo pueden aportar datos que contradicen los juicios históricos. Hallamos, por ejemplo, que la Grecia rural, tenida comúnmente por desierta durante los estadios últimos del Imperio Romano, era en realidad una floreciente mezcla de ciudades venidas a menos y alquerías dedicadas a cultivos intensivos.

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