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Actualidad científica

  • 18/10/2018 - Sordera

    ¿Restaurar la pérdida de audición?

    Experimentos realizados en ratones identifican una proteína cuya estimulación promovería la regeneración de las células sensoriales dañadas por el exceso de ruido o la edad.

  • 17/10/2018 - astronomía

    Pero ¿cómo se forman realmente los planetas?

    Como un coche que pesa el doble que el acero con que lo hicieron, los exoplanetas tienen una masa mucho mayor que el material del que surgen. Este nuevo hallazgo pone en entredicho las teorías de la formación planetaria.

  • 17/10/2018 - Comportamiento

    Por qué vivir en pareja engorda

    Los hábitos comunes que se adquieren durante la convivencia son los responsables del aumento de peso.

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    Grandes penitentes de Europa

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  • 16/10/2018 - Nutrición

    Aquello que comemos puede afectar a nuestros bisnietos

    En ratones, la sobrealimentación de los progenitores promovería la aparición de conductas de drogadicción e induciría cambios metabólicos característicos de la obesidad en sus descendientes. Los efectos se observarían a lo largo de tres generaciones.

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  • Investigación y Ciencia
  • Diciembre 2016Nº 483

Epidemiología

¿Cómo prever y contener epidemias como la del zika?

Aunque el virus se halla en el punto de mira, pocos son los que analizan las causas que subyacen al aumento de las enfermedades infecciosas emergentes en todo el mundo.

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La mayoría de las epidemias comienzan con sigilo. A inicios de 2015, los profesionales sanitarios de Brasil empezaron a detectar un número creciente de casos de una infección relativamente leve e inespecífica. Parecía causada por un patógeno transmitido por mosquitos llamado virus del Zika. El 7 de mayo de 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Salud Panamericana emitieron un comunicado epidemiológico en el que afirmaban, sin alarma, que las autoridades de salud pública de Brasil estaban investigando la posible transmisión del virus en el noreste del país. Parecía una escaramuza más en nuestra constante batalla contra las enfermedades infecciosas emergentes.

Sin embargo, a finales de otoño de 2015 ya resultaba evidente que el brote de zika era una epidemia de mayor magnitud que lo anticipado. Las consecuencias eran potencialmente desastrosas. En el noreste de Brasil comenzaron a observarse, cada vez con mayor frecuencia, casos de niños nacidos con la cabeza demasiado pequeña; sucedía casi exactamente unas 38 semanas después de haberse detectado las primeras infecciones de zika. El riesgo de dar a luz a un bebé con microcefalia en el estado brasileño de Bahía había aumentado de un valor previo del 0,02 por ciento a entre el 0,88 y el 13,2 por ciento en las mujeres infectadas por zika en el primer trimestre de gestación.

En el momento de escribir este artículo, se habían detectado más de 406.755 casos con sospecha de infección por zika en las Américas, de los cuales 56.685 han sido confirmados. Este virus, el primo lejano de otros más conocidos y temidos, como el dengue, la fiebre amarilla y la fiebre del Nilo Occidental, ha pasado de ser una infección ignorada e insignificante a ocupar un primer plano por su gran impacto. Como consecuencia de ella, miles de padres desolados atienden hoy a sus recién nacidos con problemas neurológicos graves.

Sin embargo, puede que el zika no siga ocupando el centro de atención mucho más tiempo. Se postula que las epidemias se hallan sometidas al efecto Warhol: cada agente infeccioso podrá gozar de sus 15 minutos de gloria (el artista pronunció la célebre frase «En el futuro, todo el mundo será famoso durante 15 minutos»). Con nuestra sed de drama, nuestra escasa capacidad de atención y retentiva y el efecto amplificador de los medios de comunicación, cualquier enfermedad emergente se convierte en una cause célèbre fugaz que acaba siendo olvidada igual de rápidamente.

El efecto Warhol tiene implicaciones importantes para quienes nos dedicamos a investigar enfermedades infecciosas: los miles de casos de zika confirmados hasta la fecha restan atención mediática (y fondos) de otras enfermedades prevalentes, mortales, de las que la población general ya se ha cansado. En el año 2015 se detectaron unos 214 millones de casos de malaria. En conjunto, la tuberculosis, el VIH, la malaria, las enfermedades diarreicas y la neumonía suponen la causa de fallecimiento de una de cada cinco personas en todo el mundo; pero ya no son noticia. Para la población sana, estas enfermedades forman parte de un sombrío telón de fondo que ya se asumen como algo normal. Se podrían salvar vidas, si atajáramos los problemas subyacentes a estas enfermedades.

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