Buenas expectativas para el hidrógeno

El empleo de hidrógeno como combustible para vehículos podría reducir drásticamente, a la larga, el consumo de petróleo y las emisiones de carbono.
El desarrollo de fuentes de energía más limpias para el transporte constituye quizás el aspecto más peliagudo del rompecabezas energético. La dificultad surge de dos hechos desalentadores. Primero, el parque mundial automovilístico, cifrado ahora en 750 millones, se habrá triplicado en 2050 debido, sobre todo, al creciente poder adquisitivo de los consumidores chinos, indios y de otros países en rápido desarrollo. Segundo: el 97 por ciento del combustible que consumen hoy los medios de transporte procede de crudos de petróleo.
A corto plazo, gastar menos combustible constituye el mejor modo de frenar el aumento del consumo de petróleo y, con ello, de las emisiones de gases de invernadero de los motores de explosión. Pero, aunque los fabricantes de automoción triplicasen el rendimiento de sus modelos y los gobiernos apostaran por el transporte público y el crecimiento moderado, el aumento explosivo del número de vehículos a escala mundial limitaría las reducciones en el consumo de petróleo y en las emisiones de dióxido de carbono

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