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Un plan B para la energía

Si el progreso de las técnicas actuales no logra detener el calentamiento de la Tierra, ¿será posible que fuentes energéticas nuevas y revolucionarias, libres de carbono, salven la situación? No hay que darlo por hecho, pero tampoco debe descartarse.
Para que nuestro mundo siga acogiendo la vida en las condiciones en que deseamos que lo haga, la humanidad ha de recorrer un largo derrotero, jalonado por cambios técnicos, cuya meta se encuentra mucho más allá del horizonte. Robert H. Socolow y Stephen W. Pacala, de la Universidad de Princeton, comparan en este mismo número la tarea a una carrera de relevos entre varias generaciones. Esbozan una estrategia para ganar la primera manga: medio siglo para frenar las emisiones de dióxido de carbono tras un siglo de aceleración desenfrenada. Las técnicas ya existentes, aplicadas con sabiduría y prontitud, deberían permitir llegar a esta primera referencia sin descabalar la economía mundial. Un plan A bien concebido.
Pero no es infalible. Depende de que las sociedades impriman velocidad a una serie de medidas de reducción del uso del carbono para formar siete "cuñas", cada una de las cuales evitaría que lleguen a la atmósfera 25.000 millones de toneladas de carbono. Salir demasiado tarde, una pausa demasiado pronto, nos harían perder la carrera. No faltan científicos que opinen que la estabilización de los gases de invernadero podría exigir hasta 18 cuñas allá por 2056, en vez de las siete previstas por Socolow y Pacala.

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