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Actualidad científica

  • 20/02/2019 - Geología

    Un corrimiento de tierras que vaporizó la roca

    Un terremoto hizo que una gigantesca cantidad de material rocoso se deslizase. Se generaron entonces unas temperaturas extremas.

  • 20/02/2019 - Métodos de investigación

    Cuando se paga la participación en un estudio, algunas personas mienten

    Entre el 10 y el 23 por ciento de candidatos para participar en una encuesta remunerada no dicen la verdad para que se les elija. Al parecer, la cantidad de dinero no importa.

  • 19/02/2019 - Paleontología

    ¿Acabaron los tiburones blancos con los megalodontes?

    Por desgracia, los megalodontes solo existen ya en el cine. Sigue, sin embargo, sin estar claro por qué se extinguieron aquellos tiburones gigantes. La datación de los fósiles apunta una nueva causa.

  • 19/02/2019 - Psiquiatría

    Revertir la depresión, pero solo en machos

    En ratones, la deleción de una proteína, en determinadas neuronas, favorecería la aparición de conductas depresivas. En cambio, su activación revertiría el efecto. Para sorpresa de los investigadores, dichas alteraciones de comportamiento únicamente se observaron en roedores de sexo masculino

  • 18/02/2019 - Sociología de la ciencia

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    Un modelo inspirado en el contagio de enfermedades infecciosas muestra que las ideas que se originan en instituciones prestigiosas llegan más lejos que otras igualmente buenas pero que nacen en centros más modestos.

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  • Investigación y Ciencia
  • Mayo 2000Nº 284

Fisiología

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La cadencia del reloj biológico

Los organismos se ajustan, en su mayoría, a ritmos cronométricos de 24 horas. La genética nos ha revelado parentescos entre los relojes moleculares de la mosca del vinagre, del ratón y del hombre.

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Hay que hacer un auténtico esfuerzo para no quedarse dormido a las siete de la tarde. El apetito sentido a las tres desaparece a la hora de la cena. Nos despertamos a las cuatro de la madrugada, sin posibilidad de seguir dormidos. Son situaciones que conocen muy bien quienes viajan de Nueva York a San Francisco. En general, con motivo de unas vacaciones de una semana o por traslados de negocios, cuando el organismo se ha acostumbrado ya al nuevo horario es el momento de volver a casa y retomar la rutina.

En mi laboratorio, un grupo de moscas Drosophila viaja también de Nueva York a San Francisco, o al revés, aunque en vuelo simulado. En vez de terminales de aeropuerto hay sendas incubadoras, del tamaño de un frigorífico, donde se lee, en una, "Nueva York" y, en la otra, "San Francisco". Las luces de las incubadoras se encienden y se apagan en el momento en que sale o se pone el sol en esas ciudades. (Por razones de coherencia, hemos puesto el orto a las seis de la mañana y el ocaso a las seis de la tarde, en ambas urbes.) Y hemos fijado la temperatura de las incubadoras en 22 ºC.

Las moscas emprenden su viaje simulado en el interior de pequeños tubos de vidrio, ajustados dentro de bandejas que controlan sus movimientos con un haz de luz infrarroja. Cada vez que una mosca atraviesa el haz, proyecta una sombra en un fototransmisor, conectado a su vez a un ordenador que registra la actividad. El ir de Nueva York a San Francisco no implica ningún vuelo real de cinco horas para los insectos. Nos limitamos a desconectar la bandeja de una incubadora, la trasladamos a la otra y conectamos.

Nos servimos del argot transcontinental para identificar y estudiar las funciones de varios genes que parecen ser los engranajes del reloj biológico que controla los ciclos de día y noche en una gama amplia de organismos. Incluimos en éstos la mosca del vinagre, el ratón y el hombre. La identificación de tales genes nos permite determinar las proteínas que cifran, proteínas que podrían convertirse en diana del tratamiento de diversas afecciones, desde trastornos del sueño hasta depresiones estacionales.

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