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1 de Enero de 2018
Sostenibilidad

Capturar inundaciones para combatir sequías

Un nuevo enfoque propone recargar los acuíferos con el agua de las crecidas y bombearlos cuando escasean las lluvias.

La prolongada sequía ha evaporado en exceso la llanura de inundación de la reserva natural del río Cosumnes de California. Pero, cuando las lluvias del pasado invierno causaron la crecida del río, un corte realizado en el dique permitió expandir la inundación para que pudiera infiltrarse más agua a través del terreno, y recargarse así el acuífero subyacente. [CORTESÍA DE JUDAH GROSSMAN, THE NATURE CONSERVANCY]

En síntesis

California podría sobrellevar mejor los años de inundaciones y los de sequía capturando las crecidas y reponiendo con ellas los acuíferos que los agricultores y los municipios bombean actualmente cuando escasean las lluvias.

Para ello, consumidores y administradores deben pensar en las aguas superficiales y subterráneas como en un solo recurso interconectado.

Una serie de proyectos experimentales demuestran que el planteamiento puede funcionar. Por ejemplo, los campos de cultivo pueden anegarse para que el agua se infiltre en los acuíferos, aun cuando los cultivos estén creciendo.

La revisión de los derechos sobre el agua y el pago a los propietarios de los terrenos por permitir inundarlos pueden servir para que estos procedimientos funcionen tanto en California como en el resto del mundo.

«La 17 está cerrada, la Skyline Boulevard está cerrada, la nueve está cerrada, la 152 está cerrada». Mi madre me fue dando nombres de carreteras entre la bahía de San Francisco y la costa del Pacífico, por donde yo tenía pensado conducir a la mañana siguiente. Las lluvias torrenciales del invierno habían dejado las laderas de California tan empapadas que se desplomaban sobre las carreteras. Entre octubre de 2016 y febrero de 2017, el estado recibió casi el doble del promedio anual de precipitaciones para esa época del año. Mi madre, californiana de toda la vida, no había visto nada igual.

Se trataba de un cambio vertiginoso en comparación con los cinco años anteriores, durante los cuales hubo momentos en que el cien por cien de California sufría de sequía. El miedo era palpable: ¿podemos continuar viviendo aquí?, ¿podemos mantener a nuevos residentes?, ¿deberíamos seguir produciendo alimentos para exportarlos? Las lluvias torrenciales supusieron inicialmente un alivio, pero después despertaron una creciente inquietud. Sin embargo, los gestores de recursos hídricos californianos, todavía traumatizados por los años de necesidad, vieron la oportunidad y se preguntaron: ¿podríamos capturar este excedente de agua y almacenarlo para la siguiente sequía?

La pregunta refleja una nueva realidad. Aunque California ha experimentado continuos ciclos de sequías e inundaciones, los científicos consideran que ambas fases se están intensificando debido al cambio climático. Además, el aumento de las temperaturas está causando ya la disminución del manto de nieve de Sierra Nevada, que, según las previsiones, llegará a reducirse hasta en un 90 por ciento. Esto acarreará problemas. La mayor parte de las precipitaciones registradas en el estado cae en invierno, mientras que los veranos suelen ser secos. La nieve se funde lentamente a lo largo de la primavera y el verano, justo cuando más se necesita, y suministra un promedio del 30 por ciento del agua destinada al consumo humano en California. En un futuro, se estima que la nieve caerá en forma de lluvia, lo que supondrá más inundaciones en invierno y un suministro de agua todavía más escaso en verano. El crecimiento demográfico complica esas fluctuaciones ya de por sí más acentuadas: cada vez hay más personas que viven en las trayectorias de las inundaciones y necesitan agua durante las sequías.

Los cambios en los regímenes de precipitaciones y el aumento demográfico exigen una adaptación a escala mundial. Millones de personas que han dependido de la nieve y del goteo de los glaciares deberán contar con nuevas formas de capturar el agua procedente de las inundaciones.

En California, como en otras regiones, la construcción de nuevos embalses no pondrá fin al problema. «Ya hemos levantado presas en la mayoría de los ríos», afirma Felicia Marcus, presidenta de la Junta Estatal de Control de Recursos Hídricos. Pero hay abundante espacio en el subsuelo. Los acuíferos (grandes depósitos subterráneos de agua), esquilmados por el bombeo practicado por los agricultores con unos pozos cada vez más profundos, tienen una capacidad diez veces superior a la de los 1400 embalses de California. Y el almacenamiento del agua subterránea cuesta una quinta parte de lo que cuestan los embalses. Un conjunto de mentes con visión de futuro, de los ámbitos de la ciencia, la agricultura, la conservación y la gestión pública, están diseñando una serie de métodos para almacenar agua en el subsuelo a una escala sin precedentes. El objetivo es doble: reducir los daños de las inundaciones y aumentar las reservas.

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