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He encontrado interesante el artículo «Hablar consigo mismo» [por Charles Fernyhough; Investigación y Ciencia, octubre de 2017]. Sobre todo, como bien dice el autor, por lo poco que se ha escrito sobre ello. Al respecto, me gustaría saber su opinión sobre dos cuestiones relacionadas.

La primera tiene que ver con la meditación. Esta práctica intenta acallar nuestra voz interna para ver el mundo de un modo nuevo, de forma más objetiva, intentando entender todos los puntos de vista y siendo compasivo. Existen estudios de actividad cerebral realizados en personas que están meditando. ¿Podemos comparar estas investigaciones con las del habla interna y extraer alguna relación?

Por otro lado, mi impresión es que la voz interior estaría ahí para afianzar más nuestra personalidad y puntos de vista; nuestra forma de ver las cosas. Así, estoy de acuerdo en que la creatividad está relacionada con el hablar consigo mismo, dado que toda forma de arte o invención, sobre todo en su forma de surgir, constituye algo bastante personal. Sin embargo, también se deberían estudiar aquellos casos en los que una concepción equivocada se retroalimenta gracias a esa voz interna (como podría ser el caso de fanáticos, asesinos, dictadores...), sus posibles consecuencias y peligros, así como formas de evitarla. ¿Hay algún estudio al respecto?

Gorka Isasi
Bilbao

El artículo de Fernyhough menciona estudios neurológicos en personas que mantienen un diálogo interior. Me gustaría saber si se han llevado a cabo investigaciones similares para determinar si el habla interna se da también en individuos que sufren demencia o alzhéimer, o si acaso está presente de alguna otra forma. Mi suegra solía permanecer sentada e inmóvil durante horas sin poder dirigirnos una palabra; siempre me he preguntado si al menos podría hablar consigo misma.

Sandra Robbins
Carlsbad, California 

Quisiera saber si algunas de las rutas cerebrales que se han identificado en la investigación sobre el habla interior se hallan relacionadas con el sueño. Parece que el sueño podría ser una recreación visual incontrolada de imágenes almacenadas con anterioridad.

Lanny Schroeder

 

RESPONDE FERNYHOUGH: Sobre las observaciones de Isasi, la meditación plantea varias cuestiones interesantes sobre si es posible o no silenciar nuestra corriente de conversación interna. Primero, es importante señalar que no todo el mundo usa el habla interior, por lo que detener su flujo puede resultar más fácil para unas personas que para otras. El problema con el empleo de escáneres cerebrales para averiguar qué ocurre en la experiencia subjetiva de una persona es el de la «inferencia inversa»: solo porque una región concreta del cerebro se encuentre activa, no podemos concluir que un individuo esté experimentando una cosa en lugar de otra.

En cuanto a la segunda cuestión, existen de hecho varios vínculos interesantes entre el habla interior, la creatividad y el concepto que un individuo tiene de sí mismo (este asunto se trata con mayor extensión en mi libro The voices within, Basic Books, 2016). La manera en que el habla interior podría reforzar ideas negativas ha sido examinada hace poco en el artículo de Mattea Kramer «The Donald Trump inside your own head», publicado en The Nation en octubre de 2017 (www.thenation.com/article/the-donald-trump-inside-your-own-head).

Con respecto a la pregunta de Robbins, merece la pena indicar que el habla interior resulta difícil de estudiar. En el caso de individuos con demencia, el problema de obtener informes fiables sobre su experiencia personal resulta aún más agudo. Considero posible que el habla interna continúe dándose en personas que, por razones que pueden incluir la demencia, no se comunican en exceso. Una posible vía para investigarlo consistiría en desarrollar mediciones no verbales del fenómeno, como representaciones pictóricas de algunos aspectos del habla interior.

En respuesta a Schroeder, el sueño ocurre principalmente —aunque no solo— durante la fase de «movimiento rápido de ojos» (REM), cuando la actividad en la corteza cerebral se asemeja a la de una persona despierta. Desde un punto de vista metodológico, relacionar sueños concretos ligados al habla con la activación de rutas cerebrales vinculadas al lenguaje se antoja extremadamente difícil. Tal vez podrían obtenerse autoevaluaciones detalladas de los sujetos adaptando las los métodos de la técnica conocida como «muestreo de experiencias». Pero lograr que esa estrategia funcione con un participante dormido —al que quizá se le despierta de manera repentina y se le invita a informar sobre su sueño— parece bastante complicado.

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