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1 de Febrero de 2020
Neurociencia

¿Llegarán a ser conscientes las máquinas?

En menos de una generación, los ordenadores podrían alcanzar un nivel de inteligencia próximo al humano. Pero ¿serán capaces de experimentar el mundo como lo hacemos nosotros?

GÉRARD DUBOIS

En síntesis

Las máquinas con un nivel de inteligencia humano se vislumbran ya en el horizonte. Aún se mantiene la incógnita de si podrán llegar a ser conscientes, lo cual tendría importantes implicaciones éticas.

De acuerdo con la teoría del espacio de trabajo neuronal global, una simulación suficientemente fiel de un cerebro podría generar consciencia. La verdadera inteligencia artificial sería sensible.

En cambio, la teoría de la información integrada postula que la consciencia surge a partir de los poderes causales del cerebro. Estos no pueden simularse, así que los ordenadores nunca dejarían de ser meras máquinas.

Ya se vislumbra un futuro en el que la capacidad intelectual de los ordenadores se acercará a la nuestra. Sentimos en la nuca la respiración de algoritmos de aprendizaje automático cada vez más potentes. Los rápidos avances de las próximas décadas traerán máquinas con un nivel de inteligencia humano, capaces de hablar y razonar, lo que tendrá innumerables repercusiones económicas, políticas e, inevitablemente, militares. El nacimiento de la verdadera inteligencia artificial (IA) afectará en gran medida al porvenir de la humanidad.

Las siguientes citas proporcionan un buen ejemplo:

«Desde el momento en que se produjo el último gran avance en inteligencia artificial a finales de la década de 1940, científicos de todo el mundo han buscado formas de aprovechar esta “inteligencia artificial” para mejorar la tecnología más allá de lo que pueden lograr los programas de inteligencia artificial más potentes de hoy en día.»

«Aún se llevan a cabo investigaciones para entender mejor lo que serán capaces de hacer los nuevos programas de IA sin rebasar las fronteras actuales de la inteligencia. Por el momento, la mayoría de los programas de IA se han limitado principalmente a tomar decisiones simples o a realizar operaciones sencillas con cantidades de datos relativamente pequeñas.»

Estos dos párrafos los escribió GPT-2, un algoritmo de aprendizaje automático desarrollado por OpenAI (un instituto que promueve la IA beneficiosa para la humanidad) con un cometido que puede parecer estúpido: predecir la siguiente palabra de un texto arbitrario. La red no está preparada para «comprender» la prosa en un sentido humano. En cambio, durante la fase de entrenamiento, ajusta las conexiones internas de sus redes neuronales simuladas para prever mejor la siguiente palabra, luego la que sigue a esta, y así sucesivamente. Entrenada con ocho millones de páginas web, posee más de mil millones de conexiones que emulan las sinapsis. Al introducir las primeras frases del presente artículo, el algoritmo generó dos párrafos que parecen redactados por un alumno que trata de recordar los puntos clave de una clase introductoria sobre aprendizaje automático. El resultado contiene palabras y frases correctas: ¡en realidad no está nada mal! Si volvemos a presentarle el mismo texto, el algoritmo produce una versión distinta.

Los descendientes de estos bots desatarán una oleada de falsificaciones profundas (deepfakes), bulos y reseñas falsas de productos que se sumarán al miasma de Internet. Serán un nuevo ejemplo de programas que hacen cosas que solíamos considerar exclusivamente humanas: jugar a juegos de estrategia en tiempo real, traducir textos, ofrecer recomendaciones personalizadas de libros y películas o reconocer personas en fotos y vídeos.

Aún falta mucho para que un algoritmo de aprendizaje automático consiga escribir una obra maestra como En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, pero todo apunta en esa dirección. Recordemos cuán torpes y toscos resultaban los primeros intentos de las máquinas por jugar a juegos, traducir textos o recrear el habla. Pero gracias a la llegada de las redes neuronales profundas y a la enorme infraestructura computacional de la industria tecnológica, los ordenadores mejoraron inexorablemente hasta que los resultados dejaron de parecer irrisorios. Como se ha visto en juegos como el go, el ajedrez y el póquer, los algoritmos de hoy en día pueden superar a los seres humanos y, cuando eso ocurre, las risas dan paso a la consternación. ¿Somos incapaces de controlar a los espíritus útiles que hemos invocado, como el aprendiz de brujo de Goethe?

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