Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

La divulgación en psiquiatría

Ayuda a romper tabúes y a neutralizar el estigma social que rodea a la enfermedad mental.

© ELISABETTA STOINICH/ISTOCKPHOTO

Desde su reconocimiento como rama de la medicina hace poco más de dos siglos, la misión de la psiquiatría ha sido investigar, prevenir, diagnosticar y curar enfermedades mentales. Sin duda, los divulgadores de la psiquiatría han desempeñado un papel fundamental en el conocimiento del público sobre la naturaleza de estas dolencias; y, de paso, nos han recordado que las verdades científicas no se inventan, se descubren. Precisamente, la difusión de la ciencia psiquiátrica ha servido para desautorizar a muchas teorías absurdas que hasta finales del siglo XIX empaparon esta especialidad. La divulgación también ha sido —y continúa siendo— una herramienta esencial a la hora de romper tabúes y neutralizar los prejuicios y el estigma social que marcan el trastorno mental. Un ejemplo corresponde a la creencia tan extendida como infundada de que la mayoría de los enfermos mentales son seres violentos, lo que justifica su discriminación. Estos estereotipos crean enormes problemas para los enfermos y sus familiares, y dificultan su integración en la sociedad.

Al estar el concepto de enfermedad mental tan ligado a las pautas morales de la época, la divulgación también ha educado a la población sobre la verdadera naturaleza de ciertos comportamientos. Este fue el caso de la homosexualidad, que en 1952 fue catalogada, sin base científica alguna, como trastorno de la personalidad. Afortunadamente, la validez de este diagnóstico fue impugnada por científicos y divulgadores, y en 1974 la homosexualidad fue excluida del catálogo de patologías psiquiátricas. En el caso de la depresión, la difusión de conocimientos ha contribuido a que hoy sea aceptada como una enfermedad y no como un signo de debilidad de carácter. Y la drogodependencia, que hasta hace pocos años se consideraba un problema moral, se reconoce como una enfermedad que tiene tratamiento.

Algo similar ha ocurrido con otros trastornos de más reciente divulgación, como la anorexia, el estrés postraumático y el TDAH. El reconocimiento de estas dolencias y sus tratamientos ha servido de incentivo para que los afectados busquen abiertamente ayuda profesional.

Gracias a la divulgación y a las nuevas tecnologías que permiten visualizar el cerebro en funcionamiento, cada día son más los convencidos de que para entender la mente humana es preciso tener en cuenta los centros cerebrales y las sustancias transmisoras responsables de fraguar nuestras emociones y dirigir nuestro comportamiento.

Recientemente, la psiquiatría ha añadido a su misión tradicional de tratar patologías la tarea de promover el bienestar emocional. Por eso, cada día un mayor número de personas acuden a médicos de la mente y psicólogos para fortificar la autoestima, nutrir la perspectiva optimista, disfrutar de las relaciones afectivas o fortalecer el sentido de control sobre su vida. Y este es precisamente el objetivo marcado por la Organización Mundial de la Salud cuando el 22 de julio de 1946 estableció que la salud no es solamente la ausencia de enfermedad, sino «un estado de completo bienestar físico, mental y social... condición básica para la felicidad, las relaciones armoniosas y la seguridad de todos los pueblos».

Artículo incluido en

Comunicar la ciencia en el siglo XXI

    • VV. AA.

Catorce de las personalidades más destacadas de la comunicación científica en España reflexionan sobre la apasionante y compleja tarea de acercar la ciencia a la sociedad.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.