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1 de Octubre de 2016
Comunicación científica

La experiencia de colaborar con Investigación y Ciencia

Con motivo del 40.º aniversario de Investigación y Ciencia hemos invitado a algunos de nuestros colaboradores habituales para que nos cuenten qué ha significado para ellos participar en la revista.

ISTOCK / LESIA G

Siento una enorme satisfacción y es un honor escribir estas líneas para conmemorar el 40.o cumpleaños de Investigación y Ciencia. El motivo es muy sencillo. Mi vida actual es 24 horas al día investigación y ciencia. Y cuando reflexiono sobre por qué es así, mis pensamientos se trasladan a mi adolescencia, y me emociono al recordar cómo devoraba con fruición todos los artículos, ya fueran de biología o física, de matemáticas o medicina, escritos en los primeros números de la revista. Tal era mi afición que incluso me desplazaba ex profeso a otra ciudad, andando casi una hora y media, solo para comprar un ejemplar —¡al principio la publicación no se vendía en mi localidad!

Posiblemente mi falta de formación me impedía entonces entender completamente muchos de los contenidos. Pero eso es lo de menos —tampoco entiendo ahora todo lo que se publica en otras revistas de mi área de investigación—. Lo que realmente importa es que la lectura de Investigación y Ciencia despertó mi pasión por la ciencia. Pienso en Antonio Machado cuando decía aquello de «caminante no hay camino, sino estelas en la mar». Investigación y Ciencia delineó para mí esas estelas iniciales, que posteriormente han guiado mi camino científico. Mi indeleble gratitud hacia todas las personas que en su día estuvieron detrás de la revista, así como hacia los que ahora continúan. Un abrazo de corazón.

Juan Carlos Izpisúa Belmonte
Profesor Roger Guillemin del Instituto Salk
de Estudios Biológicos en La Jolla, California
Autor de varios artículos publicados en Investigación y Ciencia

 

A principios del año 1982 dudaba entre estudiar física o matemáticas, hasta que cayó en mis manos un ejemplar de Investigación y Ciencia. Douglas Hofstadter, en la columna «Temas Metamágicos» de aquel número, escribía sobre el gato de Schrödinger, Borges, los universos paralelos y otras cuestiones fascinantes en donde se encuentran la mecánica cuántica y la filosofía. Pocos meses más tarde, me matriculaba en la facultad de física. Aquel artículo fue determinante en mi trayectoria académica. Pero probablemente esta historia no sea muy original: Investigación y Ciencia ha desempeñado un papel crucial, durante décadas, en el despertar de cientos de vocaciones científicas en España y Latinoamérica.

Casi veinte años más tarde, en agosto de 2001, José María Valderas me ofreció continuar la columna de «Juegos Matemáticos»; la misma que, en la edición internacional de Scientific American y con nombres ligeramente distintos, había estado a cargo de Martin Gardner, Douglas Hofstadter e Ian Stewart. No sé si logré mantener el nivel de mis predecesores, pero lo que sí es cierto es que aprendí muchas cosas escribiendo los «Juegos» desde 2001 hasta 2008. Durante esos años espero haber contribuido, aunque sea de forma modesta, a esa labor imprescindible y única que Investigación y Ciencia realiza en el mundo hispanohablante: poner la ciencia al alcance de todos sin perder rigor ni profundidad, conectar a los investigadores con los ciudadanos interesados en ciencia —sobre todo con los más jóvenes— y atraerlos hacia uno de los oficios más divertidos y que más contribuyen al desarrollo de una sociedad, el de investigador científico.

En cualquier caso, Investigación y Ciencia ha sido primero mi referencia y luego mi casa. En realidad, creo que ha sido la casa de todos los científicos y de los amantes de la ciencia. Gracias por estos cuarenta años. Espero, por el bien de la ciencia y por el bien de nuestras sociedades, que sigáis despertando vocaciones durante, al menos, cuarenta años más.

Juan M. R. Parrondo
Universidad Complutense de Madrid
Autor de la sección «Juegos Matemáticos» de 2001 a 2008

 

Investigación y Ciencia me ha brindado la oportunidad de dedicarme a una de las actividades profesionales que me resultan más estimulantes: la traducción científica. Como geólogo y traductor es un placer poder trabajar en el ámbito de la divulgación y la comunicación científica. La revista ocupa un lugar especial en mi trayectoria laboral, ya que comencé a realizar mis primeros encargos para ella poco después de haber decidido dar el salto de la investigación científica a la traducción. Quisiera felicitar a los miembros de la redacción por su buen trato y por la profesionalidad que han demostrado en estos seis años de colaboración. Y lo mejor de todo es poder estar trabajando para una publicación que ya leía asiduamente en mis tiempos de estudiante. Enhorabuena por los cuarenta años y por todos los venideros.

Fabio Teixidó
Geólogo y traductor de Investigación y Ciencia

 

Desde finales de la década de los sesenta he sido suscriptor, y atento lector, de Scientific American. Cuando en un cierto momento supe de la publicación de Investigación y Ciencia, me pareció una aventura extraordinaria —pero no por ello cancelé mi suscripción a la edición americana, que acabo de renovar por tres años.

Pronto empecé mi relación con la nueva revista, la mayor parte de las veces traduciendo textos, insertando algún recuadro o escribiendo un artículo. Las primeras traducciones las hacía con mi máquina de escribir —aquel «ordenador con impresora incorporada», que diría alguien de menos de treinta años—
y con un papel pautado que me mandaba la redacción. Más adelante, les daba un disquete de los de más de cinco pulgadas. Las últimas ya las mandaba por correo electrónico. Las mayores discusiones eran sobre la traducción de ciertos términos. (Nunca suscribí que al quark top le llamaran cima, ni al bottom, fondo. Pero la cosa venía de más lejos, de cuando no me dejaban usar el up y el down, ni teorías gauge.)

Finalmente, un día me pidieron que escribiera una bitácora en la plataforma SciLogs. Lo titulé Perspectiva de física y universidad. Esto me costó mucho más; tanto, que pronto lo dejé. Sin embargo, quizá por un afán de retornar a la juventud, hace poco lo he retomado con la mejor de las intenciones.

Ramon Pascual
Instituto de Física de Altas Energías
Universidad Autónoma de Barcelona
Colaborador y asesor de Investigación y Ciencia desde su fundación

 

Investigación y Ciencia es para mí una de las pocas revistas de divulgación que merece coleccionarse y encuadernarse. De gran utilidad para profesores y estudiantes universitarios, también ha penetrado en el ámbito preuniversitario, por la calidad y actualidad de sus artículos.

Quiero agradecer la oportunidad que me ha brindado para publicar reseñas bibliográficas de obras que de otra forma posiblemente habrían pasado inadvertidas para algunos sectores de profesionales: sobre todo, textos de biología celular y obras de tipo metodológico dirigidos a los estudiosos del mundo microscópico, animal y vegetal. Numerosos métodos experimentales requieren habilidades «artesanales» que los investigadores más jóvenes no dominan, pero los textos que abordan estas técnicas son escasos. Por ello, cuando aparece uno merece ser publicitado.

Tras estos cuarenta años he tenido la oportunidad de establecer contacto con diversas personas del equipo editorial, que han demostrado siempre una gran profesionalidad y grado de exigencia. Quiero expresar mi agradecimiento a José María Valderas, que durante muchos años ocupó un lugar destacado en la dirección, así como a Francisco Gracia Guillén, el fundador. Hago extensiva mi gratitud a quienes han continuado su labor.

Mis mejores deseos para que Investigación y Ciencia tenga el tesón que ha demostrado hasta el momento y continúe acercándonos trabajos científicos de gran calidad. Dada la avasalladora cantidad de información que nos llega a través de otras plataformas, una revista del nivel de la que conmemoramos los cuarenta años de existencia siempre será muy bien acogida y valorada.

Mercè Durfort
Catedrática de biología celular
Profesora emérita de la Universidad de Barcelona
Colaboradora de la sección de reseñas «Libros»

 

Releo la presentación de Investigación y Ciencia (octubre de 1976), que firma Francisco Gracia Guillén, su fundador y primer director. Le arranco estas palabras: «La falta de canales de comunicación científica en nuestro ámbito cultural [...] no solo es efecto, sino también causa de esta anemia científica y, por tanto, cultural». Investigación y Ciencia —quienes la crearon, la dirigen y la sostienen— abre canales. No Suez ni Panamá, pero sí las vías que pergeñaron Gracia, José M.a Valderas y su equipo.

Como Borges su Uqbar, descubrí espejo y enciclopedia en Gracia, Valderas y Martin Gardner. Gardner inauguró la columna «Mathematical games» en Scientific American; «Juegos Matemáticos» en Investigación y Ciencia. Me hicieron su traductor. Inútil cuantificar cuánto les debo: esa deuda no es computable.

La jubilación a todos alcanza, y Valderas, director de Investigación y Ciencia y fundador de Mente y Cerebro, entregó la neonata, ahora adulta y vigorosa, a una suma de excelencias. Pilar Bronchal y la Redacción, sorteando las crisis económica y de lectura, celebran sus XL. Talla justa para la revista. Esbelta, técnicamente avanzada, ideas propias. Su hermana crece sana y robusta. ¡A una y otra, larga vida! Y a todos, mi afecto y mi gratitud.

Luis Bou
Traductor de Investigación y Ciencia

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